El episcopado mexicano ha renovado su compromiso de ser voz de los que no tienen voz y ha ofrecido su participación en espacios de diálogo y colaboración para atender la crisis humanitaria que hizo explosión, apenas empezaba el mes de marzo, teniendo su epicentro en Teuchitlán, Jalisco, y también desea acompañar a las víctimas contribuyendo a la reconstrucción del tejido social tan lastimado por los actos de violencia extrema.
El hallazgo de un campo de exterminio y entrenamiento del crimen organizado que incluye crematorios clandestinos, “constituye una de las expresiones más crueles de maldad y miseria humana que hemos presenciado en nuestro país”. Con estas palabras contundentes lo denuncia la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en una nota publicada el miércoles 12 de marzo de 2025. La CEM manifiesta su preocupación por la existencia de muchos lugares como ese en el país, “en los que se han cometido los más graves delitos contra la humanidad”. Incluso hace notar que dichos actos atentan directamente contra la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.
El episcopado critica la “omisión irresponsable” de las autoridades gubernamentales frente al aumento de desapariciones forzadas, existe una falta de respuesta efectiva por parte del gobierno y una política de encubrimiento ante la crisis que afecta principalmente a los jóvenes. Al mismo tiempo reconoce y elogia la valiente labor de las madres buscadoras y diversas organizaciones civiles que, con determinación, han logrado avances en la localización de personas desaparecidas. Los obispos hacen un llamamiento a la sociedad para fortalecer el apoyo a estos colectivos y exigen a las autoridades investigar los hechos con transparencia y eficacia. “Como sociedad y como nación debemos comprometernos a un rotundo: ‘NUNCA MÁS’.”
El deseo de la Iglesia y cualquier persona del país es que prevalezca la justicia, la verdad y el respeto a la dignidad
humana. En este tiempo de Cuaresma, invita a los fieles a intensificar la oración por las víctimas de desaparición y a solidarizarse activamente con los colectivos de búsqueda. Las iniciativas no se hicieron esperar. El sábado 15 en varias ciudades y pueblos mexicanos, multitudes de personas se reunieron, para orar, para levantar la voz pidiendo justicia. El domingo 16, de manera muy especial en Teuchitlán.
Semanario se hizo presente y describe en sus páginas lo que ahí ocurrió.
Todo México debe unirse al llamado de justicia y verdad ante el horror descubierto. Ser solidarios con las víctimas, con sus familias y con todas las personas que buscan la paz en un país herido por la violencia y la impunidad. México es un territorio de muerte para muchos desaparecidos, y la respuesta del Estado ha sido insuficiente. Se necesita una respuesta inmediata, contundente y coordinada. No más omisiones, no más evasiones, no más complicidades.
Las madres buscadoras son la esperanza en medio del horror. Si algo nos ha enseñado esta crisis es que las principales protagonistas de la búsqueda de justicia no han sido las autoridades, sino las madres buscadoras y organizaciones civiles que, con valor y determinación, han logrado lo que el Estado no ha querido o no ha podido hacer. El comunicado de la CEM reconoce su labor y las exalta como un ejemplo de resistencia y amor. Son ellas quienes han desenterrado la verdad, quienes han convertido el dolor en lucha, quienes han iluminado con su esperanza la oscuridad de la impunidad. ¿Qué podemos hacer? En este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a no ser indiferentes. Nos llama a la oración, pero también a la acción: Denunciar estos hechos y exigir justicia. Acompañar a las familias que buscan a sus desaparecidos. Comprometernos con la construcción de la paz desde nuestras comunidades.
