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Revisión pastoral

por Quetzali Hernández
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Al final de cada año civil, entre octubre y diciembre, se acostumbra en la mayor parte de las parroquias de nuestra Arquidiócesis, celebrar la Asamblea Pastoral, que tienen como doble finalidad la revisión y la planeación pastoral. Para ello, debemos tomar en cuenta que la acción pastoral es el ejercicio eclesial por el que la comunidad cristiana prolonga en el espacio y el tiempo la salvación obrada por Jesucristo, Nuestro Señor. La Iglesia, por tanto, existe para evangelizar, para obrar en nombre y bajo la autoridad de Cristo en todo momento y en todo lugar. Evangelizar es, consecuentemente, la identidad y la misión de la Iglesia; otra actividad que desvíe su atención fuera de ello o la desdiga no podría llamarse una acción pastoral o eclesial. Bajo este criterio podemos y debemos revisar constantemente todas nuestras actividades, tanto personales como de la comunidad eclesial a la que pertenecemos y en la cual ejercemos un servicio pastoral.

La evangelización es, pues, el primer y fundamental criterio para la revisión de las actividades pastorales, pero no el único. También debemos tener otros criterios, como el ejercicio de una pastoral orgánica y de conjunto y la eclesialidad. Esto le da sentido a un plan pastoral, en cualquier instancia, pues toda actividad debe ser programada y revisada para afianzar un paso en un proceso diocesano de pastoral, estar encaminada a lograr una meta, y ésta un objetivo, que superen la inmediatez de la acción, que resulta tan efímera como el paso del tiempo; así como el de superar el aislamiento de la comunidad en una acción que cierra a la comunidad a la eclesialidad, a diocesanidad. Ahí radica la diferencia entre una pastoral de eventos y una pastoral de procesos, entre una pastoral aislada – aislante y una pastoral eclesial.

Una pastoral de eventos, por muy vistosos y exitosos que puedan ser estos, se convierte en generadora de un cúmulo de acciones desvinculadas entre sí y que terminan por agobiar, cansar y sin progresar en el adelanto del Reino de Dios, que es como una semilla sembrada por el sembrador en distintos campos (Mt 13,3b-9), que crece lentamente como un grano de mostaza (Mt 13,31-32) o fermenta la masa durante un período largo (Mt 13,33): lo que nos habla de un proceso lento y gradual, no de una acción aislada. En una pastoral de procesos cada acción corresponde a una intencionalidad y ejecución que supera la misma acción y la encamina al cumplimiento de un más, signo escatológico de que el Reino “ya” está entre nosotros y que se concreta en la acción pastoral, pero “todavía no”, pues una acción aislada no puede ser ya la presencia plena del Reino. Por otra parte, la acción planificada dentro de una pastoral de procesos ayuda a la revisión y, por ende, a la conversión pastoral, pues nos hace caer en la cuenta de que una acción no agota la riqueza del Reino, que será siempre una acción penúltima, de que puede ser mejorada.

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