Sabernos elegidos por Dios

por Quetzali Hernández
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Nuestra Madre Iglesia ofrece para hoy un pasaje del santo Evangelio muy esperanzador, que nos recuerda el envío que hizo el Señor Jesús de un grupo de setenta y dos seguidores suyos a proclamar el Reino de Dios, a quienes enseña cuál es la razón por la que deben estar gozosos: haber sido elegidos por Dios, convocados a evangelizar (Lc 10, 1-12. 17-20).

TODOS SOMOS LLAMADOS A EVANGELIZAR
El relato de la misión de los setenta y dos, exclusivo del Evangelio según San Lucas, nos permite enterarnos de una honda preocupación de su comunidad, inquieta por dar a conocer que la responsabilidad misionera no se circuncribe a los Doce:

“En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir” (v. 1).

San Lucas quiere presentar la evangelización como una obra en la que deben contribuir absolutamente todos los discípulos de Jesús.

“EXISTIMOS PARA EVANGELIZAR”
Las primeras palabras del Señor Jesús indican que la vocación de cada discípulo es obra y gracia de Dios:

“La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos” (v. 2

El Señor Jesús, después, los invitó a ponerse en marcha, con un aprovisionamiento que sorprende por su simplicidad y desprendimiento (véanse vv. 3-4). La pobreza es condición indiscutible para entrar en el Reino de Dios y distintivo de los que lo anuncian (véase Lc 6, 20). La logística de la misión es muy sencilla, llevar el mensaje del Reino de Dios casa por casa, ofreciendo la paz como saludo y don; sin olvidar que lo decisivo no radica en el bienestar personal, sino en el anuncio de la Buena Nueva (véanse vv. 5-12). En las sabias palabras del Papa Benedicto XVI, quien ya goza en la presencia de Dios: “Existimos para evangelizar”.

“ALÉGRENSE DE QUE SUS NOMBRES ESTÁN ESCRITOS EN EL CIELO”

El regreso fue realmente gozoso, pues habían experimentado el Reino de Dios iniciado por Jesús. Los discípulos se dirigieron, entonces, a su Maestro con el título de ‘Señor’, manifestándole que al pronunciar su nombre hasta los demonios se les habían sometido (veáse v. 17); pero Jesús, habiendo ratificado su experiencia (véanse vv. 18-19), los exhortó a discernir cuál debía ser el verdadero motivo de su júbilo:

“Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo” (v. 20).

Para los seguidores del Señor Jesús, por consiguiente, la suprema razón de su alegría es saberse elegidos por Dios para ser partícipes en la gran misión del Reino. Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios, ofrecida el día de hoy por nuestra Madre Iglesia, los exhorto a interpretar desde nuestra distintiva vocación y, en especial, en el horizonte de estas palabras del Concilio Vaticano Segundo:

“Es de desear que los laicos se dediquen a los estudios sagrados, reconociéndoles la libertad de investigación y de manifestar la propia opinión” (GS 62). Y hacerlo tomando conciencia de haber sido elegidos por Dios, para evangelizar cada quien desde nuestro particular rincón existencial.

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