Quetzali Cárdenas

Guadalajara se convirtió en la sede de la 3º Feria Gastronómica y Cultural, organizada por El Centro Rizoma del Migrante en colaboración con Caminantas, (grupo de apoyo a mujeres migrantes) evento que se realizó en el emblemático Edificio Arróniz, sede de la Secretaría de Cultura de Jalisco.
Alrededor de 500 tapatíos, migrantes, refugiados y colaboradores se reunieron en este evento lleno de sabores, música y comunidad.
El festival ofreció comida casera de más de una docena de países incluyendo Haití, Cuba, India, Vietnam, Venezuela, El Salvador, Colombia, Japón, Argentina, Taiwán, Tailandia, Palestina, Brasil, Egipto y Perú, en una muestra viviente de la diversidad cultural.
“Lo que más me gusta es poder compartir sabores de Asia con otras personas, convivir con diferentes culturas y ser parte de una comunidad tan diversa y solidaria como la que se forma aquí en este festival”, compartió Alicia Liu, migrante de Taiwán.
Además de la gastronomía, los asistentes disfrutaron de música en vivo de NUAGES (Francia), Yalali 4T (Siria) y La Chimba (Colombia) y presentaciones de danza tradicional india a cargo del grupo Parivaar. También se ofrecieron talleres culturales como pintura, juegos, tatuajes de henna, escritura árabe y tejido de cuentas wixárika.
“Es una oportunidad para mí, para representar a mi país y ahora a nivel internacional,” dijo Villana, migrante de Haití, emocionada por participar en el festival.

UNA FIESTA DE HOSPITALIDAD Y JUSTICIA SOCIAL
La fundadora del festival, Trang Dang, del Horizon Center for Migrants, mencionó en su discurso de apertura que, a través de la comida, las historias, la música y los sabores compartidos, se honra la dignidad y la resiliencia de todas las personas que han migrado.
“Este festival es una celebración de los lazos, amistades y comunidades que se crean cuando cruzamos fronteras. En tiempos en que la migración en las Américas está marcada por violaciones masivas de derechos, desplazamientos forzados e incertidumbre, este festival ofrece otra cara de la migración: una de comunidad, solidaridad y calidez.”
Trang también explicó que el evento forma parte de una misión mayor: visibilizar y apoyar a personas migrantes y refugiadas. Cada boleto vendido ayuda a financiar asesoría legal, ayuda mutua y vías reales de integración para quienes han sido desplazados por la violencia, la pobreza o la persecución.
EL COMPROMISO DE LA IGLESIA
Durante el evento, el Padre Alberto Ruiz director y fundador de la Casa del Migrante El Refugio, compartió palabras en representación de la Arquidiócesis de Guadalajara, recordando el trabajo de acompañamiento que ha ofrecido la Iglesia a migrantes desde 1990. Además, destacó la labor de la casa fundada en 2011 y que ha albergado a miles de personas de Centroamérica, Sudamérica, África y Asia.
Actualmente, operan tres casas especializadas: una de ingreso, otra para madres con hijos y una para familias completas. Allí se brinda acompañamiento espiritual, apoyo legal, educación para los niños y próximamente, una guardería para facilitar el empleo de las madres migrantes.
“Este festival es una fiesta de la hospitalidad. Guadalajara sigue siendo una ciudad solidaria que ve en cada persona migrante a un hermano o hermana” expresó el Sacerdote.

