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Sacerdotes deportados

por Quetzali Hernández
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Algunos Sacerdotes de Estados Unidos, que han sido formados y han recibido la ordenación presbiteral en las Diócesis norteamericanas, así como en la mayoría de las congregaciones religiosas, de manera especial los Escalabrinianos, han padecido también la cruz de los migrantes, de aquellos que han sido deportados por las políticas de Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Sólo por mencionar a la Diócesis de Monterey, California, a cuatro Sacerdotes los han expulsado del país vecino: el filipino Karol Tolentino y los mexicanos Gerardo Magaña, Francisco García y Miguel Aguayo, dejando un vacío pastoral en aquella Iglesia, que por cierto, tiene tanta necesidad de ministros ordenados, especialmente para atender a las comunidades migrantes hispanoparlantes ahora tan perseguidas.

Esta expulsión se debe a la dureza de los trámites ahora implementados por la actual administración inhumana e injusta del trumpismo. Algunos de estos Sacerdotes entraron al territorio de Estados Unidos como indocumentados o con visa de turistas, pero el Señor los llamó a prestar el servicio ministerial, ingresaron al Seminario y recibieron la ordenación en Estados Unidos. Sin embargo, los religiosos que prestan un servicio o ministerio en la Iglesia estadounidense, una vez admitidos al Seminario o a las congregaciones tramitan una visa propia, que se debe renovar cada año. Las políticas migratorias los expulsaron por la forma en que entraron hace ya muchos años a ese país. Estas políticas ya están provocando consecuencias muy negativas para la Iglesia porque deja un gran vacío pastoral.

En esta Diócesis de Monterey, por ejemplo, la Pro-Catedral “Madonna del Sasso” se quedó sin vicario parroquial, recién ordenado y que ahora un solo Sacerdote de 72 años de edad tiene que asumir la responsabilidad total de una de las Parroquias más grandes de esta Diócesis y con muchas actividades trilingües: en inglés, español y filipino. Por otra parte, podemos imaginar el impacto de los Sacerdotes mexicanos, todos ellos jóvenes de pocos años de ordenación, que tienen que venir a México, teniendo el Obispo qué conseguir que los reciban, mientras se arregla su situación migratoria, en alguna de las diócesis mexicanas, muchas de ellas las de origen de su familia, para que puedan prestar algún servicio ministerial.

En estos Sacerdotes, la Iglesia sufre la suerte de todos sus hijos migrantes y se solidariza con ellos. Jesús de Nazaret fue migrante en Egipto, tuvo que salir de su país por la persecución de Herodes el Grande y encontrar refugio en el seno del imperio egipcio, donde todavía hoy se levanta una Basílica donde la tradición coloca la casa de la Sagrada Familia migrante de Nazaret. Los Sacerdotes prestan un servicio importante a la Iglesia y a la sociedad, especialmente a quienes tienen qué dejar su casa y su pueblo no por gusto, sino movidos por la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades de una vida digna. Por ello, los migrantes ahora no sólo sufren las políticas migratorias y racistas de Trump, sino que ya fueron víctimas antes de entrar en Estados Unidos.

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