Inicio Prensa ArzobispadoLa Palabra del PastorSacerdotes sin “ajustes” ni regateos

Sacerdotes sin “ajustes” ni regateos

por Michelle Fletes Rubio
0 comentarios

Hermanas y hermanos en el Señor:

Somos la Iglesia de Pentecostés, es decir, la Iglesia animada por la presencia, el amor, la misericordia y la fuerza del único Espíritu. En el seno de esta Iglesia celebramos el regalo que el Espíritu Santo hizo particularmente a nuestra Iglesia de Guadalajara, con 30 nuevos Sacerdotes.
Así como el Espíritu Santo hizo nacer en Cristo su identidad y su tarea; y como en la Iglesia, el Espíritu Santo hizo nacer su misión y la riqueza de sus dones, así fuimos testigos de que el Espíritu Santo consagró a cada uno de esos hermanos con su historia personal. Cada uno con su identidad, única e irrepetible, fue ungido, consagrado con la presencia especial de Dios Espíritu Santo para ser, en su Iglesia, signo vivo de la presencia de Cristo en la comunidad.
Ese es el prodigio del Sacramento del Orden, el Espíritu Santo toma de los discípulos de Jesucristo a algunos y los unge para que se identifiquen más plenamente con Él, Buen Pastor, servidor y esposo de la Iglesia, el que está dispuesto a amarla y servirla todos los días de su vida.

La Ordenación marcó a estos nuevos Sacerdotes con ese carácter de ser la persona encarnada de Cristo en cada uno de ellos. Es un gran don, es una gran responsabilidad decirle al Señor, cada uno, que sí aceptaban su invitación.

Pero, ¡cuidado! ¡cuidado! Muchas veces vemos Sacerdotes que reconocen y aceptan que Jesucristo los invita y los llama, que el Espíritu Santo los unge para que sean -toda la vida, todos los días- presencia y testigos de Cristo, vivo y presente, en medio de su pueblo.

Pero hay Sacerdotes, conscientes de esta identidad y de esta misión, que muy pronto comienzan a hacerle “ajustes” a esta vocación, a esta identidad, a esta misión.

¿A qué me re ero cuando digo que hacen “ajustes” a su vocación? Dicen ahora sí, pero luego dicen que siempre no, “es que este destino sí, pero no”; “con esta gente que me confían, sí, pero no me siento cómodo”; “con este compañero sí, pero no”; “a este destino sí, pero no”, etc. Y en este “sí, pero no”, estos Padres comienzan a hacer reajustes a su identidad sacerdotal, a su misión y a encarnar la persona de Cristo. Acaban en el regateo, y tristemente quieren ser todo, menos presencia de Jesús. Esto es lo que hay que cuidar.
El Señor nos invita a seguirlo de cerca todos los días de nuestra vida, no por temporadas, ni por región geográfica.
El Espíritu de Cristo nos identifica a los clérigos con Él, para que, sin ajustes, manifestemos con nuestra vida lo que debemos ser en toda circunstancia, con todas las personas, con todo el pueblo de Dios.
Es un gran don que reciben los nuevos Sacerdotes, pero también una gran responsabilidad y compromiso. No están solos, cuentan con la fuerza del Espíritu Santo para responder a este regalo.
Que todos los que ya hemos recibido este don, lo reavivemos todos los días, y nos mantengamos fieles hasta el último día de nuestra existencia.
Lo agradecemos y nos comprometemos con la Virgen María, nuestra Madre, que siempre nos acompaña y nos protege.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

También te puede interesar