Nosotros, como el humilde Juan Diego, debemos preguntarnos, si por ventura nos hemos hecho dignos del mensaje del cielo, si hemos hecho de nuestra nación aquel espacio de bonanza que anhelaron nuestros ancestros (PGP 11).
De acuerdo al Plan Global de Pastoral propuesto por la Conferencia del Episcopado Mexicano, el quinto centenario próximo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, nos motiva a propagar el mensaje de vida que se esconde en la venerada Imagen de la Guadalupana así como lo hizo San Juan Diego. Este hombre, campesino, casado con María Lucía, nacido en Cuautitlán en el 1474, caminaba los sábados desde su pueblo a la Ciudad de México, día en que los misioneros españoles se dedicaban a la Catequesis. Un 9 de diciembre, al llegar al pie del cerro Tepeyac, Juan Diego se sintió atraído por un canto de pájaro; subió a la cima de la colina y se encontró de frente con una joven ataviada brillantemente, que le reveló quien era: la siempre Virgen Madre del verdadero Dios por quien se vive. La Señora confió una tarea a Juan Diego: informar al Obispo sobre lo que le había sucedido para que se construyera un templo mariano al pie de la colina. Fray Juan de Zumárraga no creyó al principio ni una palabra. La Virgen motivó a Juan Diego a intentarlo de nuevo al día siguiente. Esta vez el Obispo hizo algunas preguntas más sobre la aparición, pero siguió mostrándose escéptico. El indio tenía que darle una señal. Informó a la Señora de esto y, sucedió lo inesperado: María Santísima invitó a Juan Diego a subir al cerro a recoger flores para llevarlas al Obispo. Entre las piedras habían nacido unas espléndidas “Rosas de Castilla”, algo imposible en pleno diciembre. El indio recogió algunas de ellas y las envolvió en la tilma que portaba y partió a la Ciudad de México. Después de una larga antecámara, fue presentado al Obispo. Juan Diego contó los nuevos hechos y, al querer presentar la prueba de las rosas, en la tilma se reprodujo la Imagen de la Virgen, el icono destinado a hacerse famoso y venerado en todas partes. El Obispo se hizo entonces acompañar al lugar de las apariciones y comenzó la construcción de la primera capilla, El indio, viudo desde hacía algunos años, pidió habitar en una casa adyacente a esa capilla. Juan Pablo II lo proclamó santo el 31 de julio de 2002.
ENSEÑANZAS 1.Nos mostró que, cuando se quiere estar con el Señor, cualquier sacrificio vale la pena. 3.Destaca en él la humildad y el amor profundo a la Señora que se le apareció. 2.Su caridad y delicadeza es muy grande y fina con todos.
SANTORAL DÍA: 7. San Ambrosio, Padre y Doctor de la Iglesia. 8. Inmaculada Concepción de la Virgen María. 9. San Diego Cuauhtlatoatzin, indígena mexicano. 10. Nuestra Señora de Loreto. 11. San Dámaso, Papa. 12. Nuestra Señora de Guadalupe. 13. Santa Lucía, Virgen y Mártir.