SERGIO PADILLA MORENO

Es común escuchar entre, no pocas personas, especialmente jóvenes, decir que sí creen en Dios, pero que no creen en la Iglesia. Las razones que aluden para ello son muchas: los escándalos de pederastia, la falta de testimonio que viven muchos consagrados, la transmisión de un mensaje desencarnado y que no responde a los retos de la vida actual, la incongruencia de muchos creyentes, etc. Cuando tengo oportunidad de dialogar con ellos y escuchar sus razones les pregunto: ¿Qué pasaría si te mostrara un rostro de la Iglesia que fuera totalmente contrario a lo que te molesta o decepciona? ¿Cambiarías tu percepción? Es cuando recurro a biografía, entre otras y otros testigos del Evangelio, de Mons. Oscar Arnulfo Romero, a quien recordamos mañana 24 de marzo, justo a 45 años de su martirio.
Hay muchos rasgos de la vida de Mons. Romero, cuarto Arzobispo metropolitano de San Salvador (1977- 1980), que son dignos de ser conocidos y que demuestran que este humilde y valiente pastor vivió de manera radical el Evangelio en uno de los momentos más difíciles que pasó el país hermano de El Salvador. Destaco algunos de ellos. En primer lugar, es muy interesante el proceso de metanoia que vivió Romero, al pasar de una mentalidad demasiado conservadora hacia una postura más abierta y comprometida, que le valió vivir en el umbral del riesgo al denunciar los intereses políticos y económicos de quienes explotaban al pueblo pobre salvadoreño. Un hecho que marcó el proceso de conversión de Romero fue el asesinato del Padre jesuita Rutilio Grande, con el que le unía una profunda amistad.

Rafael Valladares se arrodilla frente a Óscar
En segundo lugar, está la dimensión profética y mística de Mons. Romero; en palabras del P. Javier Melloni SJ: el profeta “señala y grita lo que falta, mientras que el místico indica lo que ya es”; sin duda que el Obispo salvadoreño señaló y denunció la falta de condiciones de vida de su pueblo, así como la represión que padecía, pero también reconoció la presencia de Jesús en los pobres: “Cada vez que miramos a los pobres…descubrimos el rostro de Cristo…; el rostro de Cristo está en los pobres que piden a la Iglesia, con el deseo de que su voz sea escuchada”. En tercer lugar, destaco su testimonio de fe, esperanza y caridad, que le hacían decir ante las amenazas de muerte que recibió: “Puede usted decir si llegasen a matarme que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Un Obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”. El paso a la casa del Padre fue a causa de una bala asesina, justo mientras celebraba la Eucaristía, el lunes 24 de marzo de 1980 en la capilla del hospital Divina Providencia en la ciudad de San Salvador. Monseñor Romero fue canonizado el 14 de octubre de 2018, aunque entre amplios sectores del pueblo latinoamericano se le vio desde un inicio como un santo y un profeta. Para acercarse a este nuevo santo recomiendo la película Romero (1989), dirigida por John Duigan.
¿QUIÉN FUE ÓSCAR ARNULFO ROMERO Y GALDÁMEZ?
Conocido como monseñor Romero, fue un Sacerdote católico salvadoreño, cuarto Arzobispo metropolitano de San Salvador, célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos. Nació el 15 de agosto de 1917, en Ciudad Barrios, El Salvador Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 Entierro: 30 de marzo de 1980, en la Catedral Metropolitana de San Salvador
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ROMERO
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