Pbro. Adrián Ramos
La vida de un monje es excepcional. Es consciente de ser discípulo del Señor. Se ha abandonado por amor. Sus hermanos son un don. Busca ver a Dios manifestado en su Hijo. Invoca constantemente con el Oficio Divino al Espíritu.
Nos ocupamos de Roberto de Newminster, del cual sólo se sabe que nació en Gargrave, en el Reino Unido, y se conserva la fecha de su muerte, el 7 de junio de 1159.
Él estudió en la Universidad de París, donde compuso un comentario a los Salmos. Fue ordenado sacerdote y luego se hizo benedictino en Whitby, donde se unió a los fundadores del monasterio cisterciense de Fountains.
Alrededor de 1138 encabezó la primera colonia mandada desde Fountains y estableció la abadía de Newminster, cerca del castillo de Ralph de Merlay, en Morpeth (Northumberland).
El espíritu de la santa alegría imperaba sobre una vida de ejercicios de devoción, alternados con los duros trabajos manuales. En un sitio prominente entre los monjes se hallaba san Roberto, en razón de su santidad, su austeridad y la dulzura inmutable de su carácter. «En sus modales era extremadamente modesto -dice la Crónica de Fountains-, lleno de gentileza cuando estaba en compañía, misericordioso en los juicios y ejemplar en la santidad y sabiduría de sus conversaciones».
Ralph de Merly, el señor de la región de Morpeth, visitó la abadía en 1138, cinco años después de su fundación, y quedó tan hondamente impresionado por la virtud de los hermanos, que decidió construir un monasterio para el Cister en sus propiedades. Para habitar en la nueva casa, conocida con el nombre de abadía de Newminster, lord Morpeth sacó de Fountains a doce monjes y, para gobernarlos, se nombró abad a san Roberto. El santo conservó el puesto hasta su muerte.
Afirman las crónicas que, en su juventud, cuando fue blanco de algunas críticas por parte de sus monjes, en relación con ciertos informes falsos sobre la mala administración de su abadía, decidió ir a visitar a san Bernardo para ponerle en claro las cosas. Pero éste, que evidentemente conocía a fondo a san Roberto, resolvió que no había necesidad de desmentir las necias acusaciones ni de defenderse contra los cargos.
El abad de Newminster visitaba a menudo al ermitaño san Godrico, por quien sentía particular afecto. La noche en que san Roberto murió, san Godrico vio ascender su alma al cielo como una bola de fuego. La fiesta de san Roberto se conmemora en la diócesis de Hexham.
ENSEÑANZAS:
- La virtud de la modestia deja ver la grandeza y pureza del alma.
- Buscar la santidad debe ser la tarea de todos los días.
- La paciencia, tarde que temprano, deja ver la verdad.
SANTORAL:
7.San Roberto de Westminster, monje inglés.
8.San Medardo, obispo y misionero francés.
9.San Efrén de Siria.
10.San Asterio de Petra.
11.San Bernabé, Apóstol.
12.San Onofre, ermitaño egipcio.
13.San Antonio de Padua, religioso portugués.


