“No anteponer nada al amor de Cristo”, decía san Benito Abad, en su famosa Regla. En esto consiste la santidad, decía el Papa Benedicto XVI: es una propuesta que vale para todo cristiano y que es una verdadera urgencia pastoral en nuestra época, en la que se siente la necesidad de arraigar la vida y la historia en sólidas referencias espirituales. Es muy amplia la influencia civilizadora de los monjes benedictinos durante la Alta Edad Media. Un monasterio era una granja, una posada, un hospital, una escuela y una biblioteca. Mediante el cuidadoso cultivo de sus tierras, los monjes dieron ejemplo de buena agricultura allí donde se establecieron.

1) UN GRAN FUNDADOR
San Benito, patrono de la vida monacal en Occidente, definió un monasterio como “una escuela para el servicio del Señor”. Los monjes benedictinos bajo su regla se dedicaban a una ronda regular de culto, lectura y trabajo manual. Cada día se dividía en siete oficios sagrados, que empezaban y terminaban con servicios en la iglesia del monasterio. El énfasis en el trabajo, como deber religioso, era un rasgo característico del monacato occidental. De ahí su famosa máxima: “Ora et labora”, es decir: reza y trabaja.
2) UNA FUNDADORA
Santa Escolástica. Nacida en Nursia, Italia, era hermana gemela de san Benito. San Gregorio Magno, en sus Diálogos, nos cuenta que era monja y líder de una comunidad de mujeres a unas cinco millas de la abadía de Benito en Montecassino. Se dedicó a Dios desde muy joven (algunos relatos de su historia indican que precedió a Benito en la piedad, y él llegó a la santidad después de que ella lo hiciera). También es la fundadora de la rama femenina del monaquismo benedictino. Murió el 10 de febrero de 542, menos de un año antes de que muriera san Benito.

3) FRUTOS MADUROS
La Iglesia Católica celebra cada 21 de febrero a san Pedro Damián, quien inicialmente vivió como monje benedictino, más tarde aceptó ser ordenado Obispo y luego fue creado Cardenal. Su contribución más importante es la renovación eclesial del siglo XI, que tuvo en la reforma gregoriana su momento cumbre. San Pedro Damián fue un hombre de profunda oración y recogimiento. Su impulso reformista lo caracterizó a lo largo de su vida, que brotaba del auténtico trato asiduo con Dios y con su propio interior.
En 1057 Pedro Damián fue creado Cardenal y Obispo de Ostia, renunciando a lo que más le agradaba: su vida en silencio y soledad. Otros santos benedictinos destacados son: Anselmo y Agustín de Canterbury, Domingo de Silos, Francisca Romana, Hildegarda de Bingen, Hugo, Odilón y Otón de Cluny, Pedro el Venerable, Roberto de Molesmes, Romualdo y el Papa Urbano V.

ENSEÑANZAS:
- Los monjes benedictinos han contribuido grandemente con su espiritualidad a la renovación de la Iglesia.
- Han sido punto de referencia clave para la conservación de la cultura europea.
- Han obsequiado a la espiritualidad contemporánea el famoso equilibrio entre oración y acción.
