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¿Se pueden atender males emocionales y espirituales con IA?

por Michelle Fletes Rubio
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Fabián Acosta Rico / UNIVA

Ir a la terapia con la Inteligencia Artificial: una alternativa postmoderna para los males emocionales

Tal como anticipó Alexis Carrel en La incógnita del hombre, hemos vencido muchas enfermedades que antes devastaban a la humanidad gracias a los avances médicos. Hoy es raro morir de lepra o contagiarse de sarampión; las vacunas mantienen a raya las pandemias. Pero ¿qué hay de la salud emocional y espiritual? Estos son los padecimientos del mañana. ¿Podrá la inteligencia artificial (IA) enfrentarlos, como la depresión, la ansiedad, la neurosis o la desolación espiritual?
En Suiza, la Iglesia de San Pedro en Lucerna sorprendió al instalar Deus in Machina: un holograma de Jesús al que los fieles podían acudir por guía espiritual. Era como confesarse con una IA. Si en algún momento los Sacerdotes fueran insuficientes, ¿podrían los chatbots reemplazarlos? En el caso del catolicismo, eso exigiría reformas doctrinales profundas.
Más accesible es Text With Jesus, una app que permite chatear con personajes bíblicos: Jesús, Moisés, Adán, e incluso Luzbel. Aunque su uso está orientado a resolver dudas religiosas, es previsible que muchos la utilicen también para expresar angustias personales o crisis de fe.
La gran pregunta es si llegaremos a confiar tanto en la IA como para utilizarla no solo como fuente de conocimiento, sino como consejera emocional.
Los anteriores ejemplos indican que sí.
Y quizás estemos obligados a hacerlo por un asunto de cobertura. Según la OMS, en 2019, el 14.6% de los adultos mayores de 20 años padecían algún trastorno mental, porcentaje similar al de los mayores de 50. En los mayores de 70 años, el 13% presentaba problemas emocionales. Con la pandemia, estos trastornos aumentaron globalmente un 25%. Hay más enfermos que terapeutas.
¿POR QUÉ NO HABILITAR UN CHATBOT QUE SIMULE SER FREUD, JUNG O ROGERS?
Este servicio ya existe. Character AI permite interactuar con personajes históricos o ficticios generados por IA.
Miles lo utilizan en busca de consejo o alivio emocional. Sin embargo, sus desarrolladores advierten que sus consejos no deben sobrevalorarse, pues ya ha habido consecuencias trágicas: un joven se suicidó tras obsesionarse con un personaje virtual. La madre demandó a la empresa.
Más orientada al acompañamiento emocional es Wysa, aplicación usada por el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido. Utiliza un chatbot con técnicas de terapia cognitivo-conductual para asistir a personas con ansiedad, estrés o depresión. Es accesible, económica y disponible 24/7. Pero hay que tener presente que no deja de ser una máquina, alimentada con datos de internet, no con experiencia humana directa.
Aunque pueda parecer erudita, la IA carece de contexto físico. No percibe gestos, tonos de voz, posturas ni actitudes, que son esenciales en una terapia humana. El terapeuta capta información más allá de las palabras, lo que la IA, por ahora, no puede hacer.
También está el tema de la seguridad.
Las redes sociales ya recopilan información para fines comerciales. ¿Qué podrían hacer estos sistemas si accedieran a las intimidades más profundas de nuestra psique? ¿Y si las agencias de seguridad usaran estos datos para identificar a personas potencialmente “peligrosas”? ¿O si los empleadores utilizaran esta información para negar ascensos o despidos?
Las grandes corporaciones, que ya nos conocen algorítmicamente, podrían manipularnos más: recomendar fármacos, experiencias “terapéuticas” o incluso vacaciones a crédito según nuestro perfil emocional y financiero.
Frente a estos riesgos postmodernos, quizá siga siendo más seguro confiar en tu confesor o guía espiritual de toda la vida o recostarte en el diván del psicoanalista.

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