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SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS Se necesita fe para lograrlo

por Michelle Fletes Rubio
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Monseñor Primitivo López Alonso

Nuestro Señor Jesucristo, en la última cena, como nos narra el Evangelio según san Juan, en la oración más íntima a su Padre, le pedía un don divino para los que ya creían y los que en el futuro habrían de creer en Él:

“que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21)

Sí, Jesús pedía para la Iglesia la unidad como la de Dios, por la que el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo todo en el Padre y todo en el Hijo.
Esa es la unidad de la Iglesia que profesamos en el Credo, símbolo de nuestra fe: “Creo en la Iglesia que es una…”. Sí, por eso siempre en la celebración de la Misa, después de la Consagración, pedimos al Padre que envíe al Espíritu Santo, para que, por la participación en la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, formemos un solo cuerpo y un solo espíritu, es decir, conceda a su Iglesia la perfección en la unidad.

Este 2025, Año Santo en la Iglesia Católica, el Evangelio propuesto es el de san Juan, capítulo 11, versículos del 17 al 27

Ahí está la fuente de ese don divino de la unidad, para que el mundo crea, don que en nuestra vida se convierte en tarea: siempre hemos de pedir ese don, de trabajar para alcanzarlo, de vivirlo concretamente en la profesión de una sola fe recibida de los Apóstoles, en la celebración común del culto divino, sobre todo, de los Sacramentos, en la sucesión apostólica mediante el Sacramento del Orden, en la caridad, amor que cristaliza en servicio de entrega total en el ministerio pastoral, en la unión conyugal, en la consagración radical de la vida.
A ese don divino de la unidad que nace en la Eucaristía, entramos por el Bautismo, por eso cantamos, inspirados por la Palabra de Dios:

“Llamados a formar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz, cantamos y proclamamos: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre” (cfr. Ef 4,4-5)

Sin embargo, nos damos cuenta de que existen divisiones entre los cristianos que han surgido a través de los siglos, que hieren la unidad del Cuerpo de Cristo, y que han sucedido por pecados de los hombres, de una y de otra parte.
Por eso, los creyentes en Cristo, conscientes de que para avanzar hacia esa unidad que el Señor pidió para nosotros, nos empeñamos para orar en común; a esto se le puede llamar justamente ecumenismo espiritual, y es el alma de todos los esfuerzos para corresponder como se debe al don divino de la unidad, esfuerzos como la renovación permanente de la Iglesia en la fidelidad a su vocación, la conversión del corazón para llevar una vida más conforme al Evangelio, el conocimiento fraternal recíproco entre los cristianos de las diversas denominaciones, la formación de los pastores y de todos los fieles para esta actitud ecuménica, el diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de las diferentes Iglesias y comunidades, la cooperación entre los cristianos en los diversos campos del servicio a las personas y a la sociedad.
Por esta razón, cada año, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, de Iglesia Católica, y la Comisión Fe y Constitución, del Consejo Mundial de las Iglesias, nos convocan a todos los creyentes en Cristo a unirnos en oración por la unidad de los cristianos, durante una semana que, desde 1908, en el hemisferio norte, va del 18 al 25 de enero. Para esta oración, nos proponen de vez en vez, un texto de las Sagradas Escrituras, para que también durante todo el año, concentremos en él nuestra meditación, para que sea la fuente de nuestra oración y elevemos nuestras súplicas, para que sirva de inspiración y sea el acicate de nuestros compromisos y acciones concretas para trabajar intensamente por la unidad que el Señor quiere para nosotros y entre nosotros.
El diálogo de Jesús con Marta, inmediatamente antes de la resurrección de su hermano Lázaro, pone como centro el cuestionamiento desafiante de Jesús a Marta, un dardo encendido: “¿Crees esto?”, una pregunta muy directa y profundamente personal, precedida de la declaración de que hace Jesús de su poder sobre la vida y la muerte y revelando su identidad como Mesías.

“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y ninguno de los que viven y tienen fe en mí morirá para siempre”.

Esta es una asombrosa afirmación que solicita una respuesta de fe. Como Marta, las primeras generaciones de cristianos no podían permanecer indiferentes cuando las palabras de Jesús tocaban y escudriñaban sus corazones. Buscaban fervientemente dar una respuesta comprensible a la pregunta de Jesús: “¿Crees esto?”.
Los padres del Concilio de Nicea, celebrado hace 1700 años precisamente en este año, se esforzaron por encontrar palabras que abarcaran los misterios de la Encarnación y de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Ahora los cristianos de todo el mundo, mientras aguardan el retorno del Señor, están llamados a dar testimonio de esta fe en la Resurrección, que es la fuente de la esperanza y la alegría que han de compartir con todos los pueblos, y que este año celebraremos juntos en la Pascua, en la misma fecha.
Así pues, en cada Parroquia de la Arquidiócesis de Guadalajara, de acuerdo con sus programas y circunstancias, se celebrarán las misas por la unidad de los cristianos.

PARA SABER
El jueves 23 de enero será la Jornada de Adoración en el Templo Expiatorio de Guadalajara y habrá un programa de celebraciones ecuménicas con los hermanos cristianos de otras denominaciones. Para orar y meditar, en ambos casos, en este tema que es el corazón de nuestra fe: “Yo soy la resurrección y la vida”

PARA SABER
La semana de oración será del 18 al 25 de enero

EL DATO
Este año se celebran 1700 años que los padres del Concilio de Nicea se esforzaron por encontrar las palabras adecuadas que abarcaran todos los misterios que vivió nuestro Señor Jesucristo, incluso, después de su Resurrección

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