FERNANDO MANJARREZ SAHAGÚN
2DO DE FILOSOFÍA

“Cuán grande será una madre, que hasta Jesús quiso tener una”. Me gustaría partir con esta frase que refleja la importancia de la madre para la vida del ser humano, incluyendo a Jesús mismo en su santísima madre, que también es celebrada durante este tiempo.
En este mes conmemoramos a las madres, esas mujeres incansables que día con día se sacrifican así mismas para ver a su familia feliz, son capaces de olvidarse de ellas y de sus gustos personales por sus hijos, para luego mirarlos realizados y contentos. No se puede entender a una madre que no lo dé todo por sus hijos, hasta su propia vida. Siempre he creído que el amor de una madre es un reflejo del amor de Dios, una pequeña probada.
Ambos no se cansan de amar y vivir por la entrega. Los seminaristas también celebramos a nuestras madres, con mucho afecto y cariño, los que aún la tenemos en la tierra la abrazamos y queremos colmarla de regalos, y los que su madre ya está con Dios, la celebran con una oración hacia ella o una Misa que haga recordar su memoria y el amor que alguna vez tuvo a su familia.
Este 10 de mayo, se celebró una Eucaristía en honor a las madres de los seminaristas, recordando también la maternidad y la entrega de la Virgen María, se les invitó a las madres y familiares presentes que imiten el modelo de la bienaventurada Madre de Dios, en su entrega, caridad y sencillez a los designios del Padre celestial, en cada una de sus familias, que hagan su hogar como la casa de Nazaret, imitando las virtudes de la sagrada familia.
El papel de las madres es fundamental para los seminaristas en formación. Muchas de ellas fueron las principales promotoras de nuestra vocación desde que éramos niños, enseñándonos la fe y cultivando nuestra vida de oración, oremos por las madres para que el Señor las bendiga siempre.
Luego de la Misa los seminaristas pueden salir a sus hogares para celebrar junto con ellas este día tan importante, algunos seminaristas viven lejos, pero las horas de trasporte no son obstáculo para ver a sus madres. Los seminaristas salimos desde temprano ese día para llegar lo antes posible a nuestros hogares, si es un día entre semana se suspenden las clases, pero si es durante el fin de semana por ejemplo el sábado (como en este año), se suspende el apostolado sabatino. Las actividades de ese día corresponderán a cada familia. Se nos permite pasar la noche en casa y regresar el día siguiente por la tarde para retomar las actividades de ordinario el día posterior al regreso.
