
En la actualidad, en México como en el mundo, se reflexiona y debate ampliamente en torno a los roles, paridades y equidades, en la búsqueda por alcanzar la convivencia armónica y pacífica entre mujeres y hombres. Este es un tema en el que todos tenemos opinión porque nos toca en lo más personal, en la necesidad que compartimos como seres humanos de recibir afecto, comprensión y cariño.
Las celebraciones y conmemoraciones, como lo es la del Día del Padre, son detonantes emocionales que nos llevan a detenernos para observar lo valiosa que es la convivencia familiar y también para pensar en qué podemos hacer para fortalecerla y mejorarla.

El Día del Padre es una de las celebraciones que en México se están reconfigurando. Ahora, la sociedad y las familias reconocen y valoran la importancia de que la figura paterna esté presente y activa en la crianza de sus hijas e hijos
Afortunadamente cada vez es más común contar con la participación de los padres en las reuniones escolares, que solían parecer exclusivas de las mamás, a quienes se les asignaba tradicionalmente el rol de la crianza, mientras que a los padres se les asignaba como exclusivo el rol de proveedor, lo que les obligaba a perderse la hermosa, enriquecedora y desafiante experiencia de mantener un contacto más cercano con las vivencias, necesidades afectivas, prioridades y realidades del mundo de sus hijas e hijos.
Ante la duda de si es conveniente que los padres se involucren más en la formación y crianza de sus hijas e hijos, vista desde el posible desequilibrio económico y las afectaciones que esto traería, las sociedades que han implementado cambios culturales hacia la igualdad, arrojan los siguientes datos:
Las hijas e hijos que cuentan con padres involucrados en su crianza tienen un 40% más de probabilidades de obtener calificaciones sobresalientes en la escuela y son 2.5 veces más propensos a terminar la universidad, lo que se correlaciona directamente con mayores ingresos a lo largo de su vida adulta, según lo expresa la Fundación Annie E. Casey.
Por otra parte, en hogares donde los padres participan activamente en el cuidado infantil y las tareas domésticas, la probabilidad de que las madres trabajen a tiempo completo aumenta en un 15-20%, lo que contribuye a un mayor ingreso familiar y a la productividad económica del país, según estudios sobre el mercado laboral y la igualdad de género, publicados por organizaciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Mundial, o el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Sabemos también que los padres que participan activamente en la crianza y los cuidados, experimentan mayor bienestar y sentido de vida, por lo que son más productivos en el trabajo y esto les reditúa mayores beneficios económicos, de acuerdo con el primer informe global “El estado de los padres en el mundo”.
Abogar por una mirada que integre las diferentes perspectivas femeninas y masculinas en la crianza y el cuidado, proveen a las infancias modelos como el del diálogo, la igualdad, la colaboración y el respeto en sus relaciones, que pueden integrar en la construcción de su personalidad, de su ser afectivo y sensible; entendiendo las carencias del “otro” desde sus propias carencias y necesidades, en un ejercicio pleno de empatía. Esto es lo que nos pone frente a frente con el verdadero sentido de la llamada Cultura de Paz, a la que aspiramos como forma de vida.
Actuar desde la razón, pero permitiéndonos la emoción, nos da las claves y nos abre las puertas para sortear las dificultades que enfrentamos como sociedad, que, si bien son producto de múltiples factores sociales, económicos y culturales, detonan también por la necesidad humana del amor y sus manifestaciones.
Es tiempo de normalizar que los padres sean libres de expresar sus sentimientos, que no deban ser siempre los que tiene la razón, ni ser los más rápidos, los más fuertes, los poderosos y los proveedores, o que tengan que afrontar las dificultades del día a día, sin decir ni expresar lo que sienten o sin solicitar ayuda. El concepto de padre debe incluir a la persona de manera integral, para que precisamente vivan su rol sintiéndose completos, libres, presentes y comprometidos con sus seres queridos y con la construcción de una sociedad más solidaria.

Celebremos al padre, que puede venir a nuestra vida de muchas maneras: biológica o adoptiva, como tutor, abuelo, padrino o maestro, o bien de la mano de aquel que en su enorme caudal emocional haya asumido con responsabilidad y compromiso la paternidad involucrada, en presencia, conciencia, guía o afecto.
A ellos, a los que ya lo son, a los que fueron y a los que serán: ¡Feliz Día del Padre!
Fabiola Loya
Secretaria de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres del
Estado de Jalisco
