Abel Campirano Marín

Muchas veces usted ha escuchado que el sentido común es el menos común de los sentidos; es un axioma. Es indiscutible que, si todos empleáramos nuestro sentido común en las tareas de la vida, el mundo sería completamente diferente.
Entenderíamos que, si mantenemos el orden, el orden cuidará de nosotros y así no tendríamos confrontaciones de ninguna especie. Suena como argumento de novela distópica, una adaptación del Mundo Feliz de Aldous Huxley, pero piense un momento, deténgase y reflexione un poco.
En el tema de nuestra salud, independientemente de factores hereditarios, el peso de las personas se va haciendo mayor cuando la ingesta de alimentos es superior al gasto de las energías.
Comemos más y nos ejercitamos menos; es algo de simple lógica y renegamos en las mañanas cuando al pantalón no le quiere subir el cierre, los botones de la camisa están a punto de explotar o el vestido no nos entra, pero a eso de las 11 ya estamos en el puesto de tacos de la esquina comiendo las delicias de chicharrón, papa o frijolitos, claro, con doble tortilla y, por supuesto, la insustituible soda para que baje; acto seguido, nos subimos al auto y de ahí a la oficina, todo el tiempo sentados, sin quemar energías y llegamos a casa, a comer de nuevo, a dormir una siesta y el resultado es la obesidad. Lógico. No quemaste las calorías ingeridas.
La habitualidad es lo que le da forma a nuestra vida. La perseverancia es una virtud que todos deberíamos practicar, pero la desesperación nos lleva a abandonar pronto las metas, por eso nuestras promesas de fin de año suenan maravillosas cada 31 de diciembre, pero en los primeros días del año nuevo empezamos con problemas, y tenemos las tentaciones en puerta: la rosca de reyes, los tamales del día de la candelaria, las empanadas de la cuaresma y la promesa de ponernos a dieta quedó en eso, simple promesa.
Todo en esta vida es lógica, simple lógica, sentido común, simple sentido común.
Si quieres reducir tu peso, usa tu lógica, come menos y muévete más y no necesitas gastar fortunas en un gimnasio, basta y sobra con que dejes a unas calles de tu oficina tu vehículo, que uses las escaleras en lugar del elevador, que no le pidas a tu secretaria el café y te levantes a preparártelo tú mismo, en fin.
Si extrapolamos este principio lógico a cuestiones más profundas y trascendentes, socialmente hablando, el sistema gubernamental y administrativo en general no estaría colapsado; no se tendrían las carencias que experimentamos cotidianamente en materia de seguridad pública, de salud, de educación, de infraestructura urbana y en impartición de justicia, porque el gobierno no se robaría lo nuestro, es un administrador, que cobra y bien, pero es un simple administrador de los recursos económicos que le entregamos para que nos los convierta en servicios, simple lógica, elemental lógica.
Suena efectivamente como un mundo ideal o un mundo feliz ¿pero por qué no aspirar a serlo? Singapur y Hong Kong eran lugares donde el vicio, el desorden, la inseguridad pública tenían asentados sus reales, pero un código de conducta moral rígido con normas coercitivas impuso el orden y ahora son lugares con escasos índices delictivos, sitios limpios y ordenados.
Si todos pusiéramos de nuestra parte, nuestro México cambiaría de manera absoluta y seríamos verdaderamente el mejor país del mundo, con, sin o a pesar del gobierno. Todo está en crear conciencia como yo lo quiero hacer en este artículo, crear conciencia no de ir en contra de nadie, sino en crear una contracultura, porque, por simple lógica, creo que a todos nos gustaría vivir en un país con educación, salud, vialidades, seguridad de excelencia y eso no solo es privativo de los Japoneses o los Alemanes o los Finlandeses, son humanos como nosotros, lo que pasa es que ellos quieren y nosotros tenemos pereza física y mental y no queremos abandonar nuestra zona de confort, pero hay que hacerlo, hay que heredar un mejor país a nuestros hijos, ellos y los de ellos sabrán conservarlo y nos vivirán agradecidos.
Y lo más importante que podemos heredarles es nuestra Fe, que no la pierdan jamás. Fe en Dios y adelante. Gracias por leerme y si quieren escucharme, los espero todos los viernes de 9 a 10 de la mañana en Apostólicus Radio, en el 1370 de AM de su radio o en www. apostólicus.com, en mi programa: Noble y Leal. PAX TECUM.

