SERGIO PADILLA MORENO

Una de las experiencias estéticas más intensas y profundas que puede experimentar un ser humano es escuchar del majestuoso sonido de un órgano tubular. La historia y evolución de este instrumento comenzó en Grecia en siglo III a. C., con Ctesibio, para llegar a su plenitud en los siglos XVII y XVIII con el llamado órgano barroco, donde diseñadores y fabricantes como Gottfried y Andreas Silbermann sintetizaron siglos de experiencia en el desarrollo técnico del complejo mecanismo que implican la operación de instrumentos de esta naturaleza.
En Holanda, Alemania, Italia y España todavía es posible apreciar y escuchar varios de estos magníficos ejemplares. Grandes compositores como Johann Sebastian Bach, Georg F. Haendel, Anton Bruckner o César Franck compusieron obras para este instrumento, tanto en música de carácter sacro, religioso y secular.
En el numeral 120 de la Constitución Sacrosanctum Concilium (Este sacrosanto Concilio) sobre la Sagrada Liturgia, del Concilio Vaticano II se lee:
“Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales”.
Es interesante también conocer las historias de restauración de estos emblemáticos instrumentos musicales que se han tenido que llevar a cabo, a través de trabajos que son un ejemplo de precisión, delicadeza y paciencia
Ciertamente, corren otros tiempos y ya es económicamente muy complicado la adquisición o mantenimiento de este tipo de instrumentos para la inmensa mayoría de los templos del mundo, razón por la cual el propio Concilio alienta el uso de instrumentos más accesibles y el canto religioso popular en las celebraciones litúrgicas. En el numeral referido continúa diciendo:
“En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica territorial competente, a tenor de los arts. 22 § 2; 37 y 40, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles”.
En México hay magníficos ejemplares de este tipo de instrumentos en algunas catedrales, como la Metropolitana de la Ciudad de México, en Morelia, en Puebla, así como en Guadalajara. Al ser instrumentos, muchos de ellos, se instalaron entre los siglos XVII y XIX.
Johann Sebastian Bach (1685-1750) se destacó especialmente en el órgano, instrumento en el que era reconocido como un virtuoso y para el que compuso piezas que explotaban sus posibilidades técnicas y expresivas. Entre sus composiciones más conocidas para órgano están los Corales para órgano y las obras del Orgelbüchlein, una colección de preludios corales; pero, sin duda, la más emblemática de sus obras es la Toccata y Fuga en Re menor (BWV 565), aunque es una obra de la que se tienen algunas dudas acerca de si es de su autoría, pero formalmente se reconoce en el catálogo de obras de Bach. Sea como sea, es un obra majestuosa y sublime por su dramatismo y virtuosismo.
padilla@iteso.mx
Bach – Toccata and Fugue in D minor BWV565 – Van Doeselaar https://youtu.be/Pi0IuyTS_ic?si=F_YBJQ3yexWuhutn

