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¿Tanto por tan poquito?

por Quetzali Hernández
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

La presidenta de la República, los gobernadores de Morena, los legisladores morenistas de ambas cámaras, todo el aparato del partido y del gobierno han tenido como tema principal, durante los últimos días, la marcha del 15 de noviembre. Llaman la atención varias cosas del reiterado discurso de una sola cosa, según ellos, de tan poca monta, cuando el ambiente general de la nación, con tan múltiples y graves problemas que nos aquejan, pasa prácticamente desapercibido.

Lo primero que se cuestiona es que se dedique “tanto por tan poquito”. El gobierno ha dicho una y otra vez que la marcha fue una marchita, es decir, una cosa de tan poca talla, de poquita gente, que no representa sino a los mismos trasnochados y ultraderechistas de diario, que están en peligro de extinción en este país de las izquierdas maravillosas de los expriístas y de los expanistas hoy vestiditos de guinda. Pero si fue una marcha tan desangelada, ¿para qué dedicarle tanto tiempo para descali car a lo que de por sí ya está descalificado?

La segunda cosa en cuestión es la violencia de los grupos de choque de casi todas las manifestaciones políticas, excepto de las de Morena. Los del bloque negro en la Ciudad de México estaban en el Zócalo y no habían marchado ni con los del movimiento del sombrero ni con los jóvenes ni con nadie… pareciera que los estuvieran esperando en un Zócalo casi vacío y al que era difícil acceder por las vallas, allende las del Palacio, que impedían por las calles aledañas llegar a la plaza principal de la nación. ¿Fueron pagados por el mismo gobierno para desprestigiar la marcha? ¿por qué se utilizó la fuerza del Estado contra los manifestantes y no contra ellos?

La tercera cuestión es la narrativa de la convocación. Queda claro que fueron muchos los convocantes y que ellos mismos se deslindaron de los partidos políticos de oposición. Los primeros convocantes fueron los del movimiento del sombrero a memoria del alcalde de Uruapan asesinado; los segundos, los jóvenes de la Generación Z y, los terceros, otros movimientos sociales. Desde el gobierno se ha desprestigiado a los convocantes y marchantes, incluso con la denostación grosera de un monero oficialista que satirizó la presencia de la abuela de Carlos Manzo, como “representante” de la Generación Z. Sea como sea, como ciudadanos tienen el derecho constitucional de convocar y asistir a las marchas que quieran y eso no es delito ni tiene mucho menos qué exponerse públicamente sus datos personales como lo hizo la Sra. Alcalde, presidenta de Morena, cometiendo ella sí, un delito.

La cuarta cuestión es la atención mediática que el gobierno da a aquello que descalifica como insignificante y la fuerza de todo el aparato de gobierno para destruirle. ¿Por qué lo hace? ¿Tiene mucho miedo? ¿Le teme a los ciudadanos cada vez más descontentos con las deficiencias jamás reconocidas y muchos menos solucionadas del gobierno? ¿Quiere desviar mediáticamente los escándalos de corrupción de los morenistas?

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