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TEMPLO NUESTRA SEÑORA DEL REFUGIO

por Quetzali Hernández
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125 años al servicio de los más necesitados

Hna. Lourdes Gutiérrez Carrillo. Rfnsr

Construido en 1900 sobre lo que era la antigua calle del Moro, el Templo de Nuestra Señora del Refugio es un símbolo histórico de Guadalajara. Su arquitectura gótica, con una torrecilla de cantera y un retablo dorado en su altar mayor, le da un toque único.

ORÍGENES
Para conocer su origen es necesario conocer que al concluir la guerra de independencia, la pobreza generó infinidad de migraciones del campo a la ciudad por todo el territorio mexicano. El Obispo Juan Cruz Ruíz de Cabañas, al percatarse de la urgente necesidad de hogar, alimento, educación, protección a mujeres abandonadas y dar sepultura a los difuntos, dio licencia para la construcción de la capilla dedicada al Divino Salvador, como parte de la Vicaría del Santuario de Guadalupe, siendo elevada en 1815 como la quinta Parroquia de Guadalajara.

Después de 15 años de servicio se vio insuficiente para la atención de tantos necesitados, y en 1830 el Sr. Obispo Diego de Aranda y Carpintero solicitó la construcción de una nueva Parroquia con mayor capacidad, la cual fue consagrada como el Dulce Nombre de Jesús, en 1856, quedando abandonada esa pequeña capilla, en lo que hoy es la avenida Federalismo. Hasta 1885 fue conocida como la “Capilla Vieja de Jesús, Casa de las Arrepentidas”.

En 1885, el Sacerdote Pascual Antonio del Niño Jesús Avelar, de la Orden de los Franciscanos, junto con las señoritas Ma. Librada Orozco Santacruz y Susana de la Fuente, solicitaron al Sr. Obispo Pedro Loza y Pardavé permiso para reconstruir la Capilla abandonada, con el propósito de dar culto público, fundar una congregación, atender a madres solteras, dar asilo a huérfanos, además de ser utilizada como pensión para niñas y hospicio para ancianos e inválidos.

Fue el 7 de mayo de 1897, con la aprobación del Sr. Obispo Pedro Loza y Pardavé, que se fundó la Congregación de Terciarias Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio, bajo la guía de la Madre Libradita, quien recibiría el carisma de la compasión y misericordia en bien de los más necesitados quien, además de trabajar incansablemente por todos los feligreses y ahora la naciente congregación, concluyó los trabajos de reconstrucción del Templo, siendo consagrado por el Sr. Obispo Don Jacinto López y Romo bajo la advocación de la Virgen de Nuestra Sra. del Refugio el 4 de julio de 1900, bajo la siguiente encomienda: “Que el Templo y la Congregación sean fuente de vida, y de santidad en bien de las almas”.

TIEMPOS DE PERSECUCIÓN
En 1910, en pleno auge de la Revolución Mexicana, el Templo siguió atendiendo a la feligresía, a pesar de la persecución que existía por parte del gobierno a la Iglesia, gracias a que una de las religiosas era tía materna del General Manuel M. Diéguez, quien gobernaba Jalisco. Así se pudo evitar su cierre y destrucción, convirtiendo al sobrino en protector y benefactor del templo.

Durante la persecución por parte del gobierno a la Iglesia en la denominada “guerra cristera”, de julio de 1926 a enero de 1929, el Templo fue convertido en fábrica de cerillos, y posteriormente abandonado. Algunos años después, en 1933, fue incautado por el gobierno en turno, y fue hasta 1949 que se restituyó a las religiosas con el apoyo del Sr. Arzobispo Don José Garibi Rivera.
Con los diferentes movimientos armados se perdió la escuela, la casa para la atención de la mujer, el asilo, y solo se conservó la parte del convento, mismo que fue lentamente restaurado, y el 20 de marzo de 1969, tras exhumarse los restos mortales de la Reverenda Madre María Librada del Sagrado Corazón de Jesús Orozco Santacruz, fueron colocados a un costado del altar en dicho Templo.

El progreso llegó a la ciudad y, con ello, los nuevos planes de urbanización y transportes, siendo necesario, en 1973, derribar una gran cantidad de fincas, con el fin de construir la Avenida Federalismo, con el dilema de eliminar el Templo que dificultaba las obras. Gracias a la intervención de la feligresía, las autoridades civiles y religiosas se pudo replantear su conservación tal y como hoy luce, bajo el Decreto 9228 del Congreso del Estado, quedando al cui dado del Presbiterio Diocesano.

El 21 de agosto de 1996, con la autorización del Sr. Cardenal Don Juan Sandoval Iñiguez, el Templo fue encargado a la Congregación de las “Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio” para su conservación, administración y culto público, considerado, desde ese momento, como un monumento histórico protegido, que se distingue por ser una estructura esbelta, con un austero estilo gótico que se refleja en las puertas de acceso y ventanas latera les de arcos apuntados, con una graciosa torrecilla labrada en cantera, un techo de dos aguas, las pilastras y altares de la nave de cantera de origen. El retablo del altar mayor es de metal dorado y su figura es una réplica de la puerta lateral de la catedral de Colonia, en Alemania. Al centro, la Imagen de la Virgen del Refugio pintada al óleo por Fray Amado de la Madre de Dios, la misma que se colocó en la primer Capilla en el año 1889.

Esta es la historia de 125 años de compasión y misericordia, orgullo de la entidad, que se ha convertido en un monumento no sólo histórico, sino en un profundo recordatorio del compromiso con los más pobres y olvidados, gracias a una infinidad de personas que a lo largo de su existencia incansablemente han aportado desde la sombra, la vitalidad necesaria para que hoy siga dando testimonio de caridad.

EN LA ACTUALIDAD

Actualmente, la Congregación de las Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio sigue estando al frente del Templo que lleva el mismo nombre; es un espacio lleno de espiritualidad, historia y fervor popular. Por lo que la Hermana Elena Álvarez Rizo, que es la encargada principal, comparte que en el mismo se celebran todos los Sacramentos, como bodas, bautizos y quinceañeras, además de Misas diarias.

Las Misas se celebran de lunes a viernes a las 6 de la tarde y los domingos a las 11 de la mañana. Además, cada primer día del mes y los martes se realiza una celebración especial dedicada a la Divina Providencia y a San Martín de Porres, respectivamente. Este último tiene una particular relevancia, pues se conserva en el Templo una de las primeras imágenes y reliquias que llegaron a Jalisco. Durante la Misa de los martes, se bendice pan, y al finalizar se impone la reliquia del Santo, compartiendo el pan bendito con los asistentes, tradición muy arraigada en esta comunidad.

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