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Templos vivos que iluminen y transformen

por Quetzali Hernández
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La basílica de San Juan de Letrán, en Roma, es la iglesia madre de todas las iglesias, Catedral del Papa León XIV como Obispo de esta ciudad. Recordar esta construcción nos da la oportunidad de reflexionar sobre el ser y la misión de la Iglesia en el mundo.

Dios no necesita ser encerrado en los muros de un templo, porque el templo de Dios es toda su creación, habita en ella, porque Él es el dueño; pero nosotros sí necesitamos espacios para celebrar la presencia del Creador, y para darle gloria como Él se merece.

La Iglesia de Jesucristo es de unidad, de ella mana la vida de la gracia que sana nuestra pobre naturaleza de todos los daños que ocasionó en nosotros el pecado original.

De la Iglesia mana la revelación y la vida de Cristo que se nos comunica a través de los Sacramentos; mana la permanente proclamación y testimonio de la Palabra de Dios. En la Iglesia encontramos el amor maternal y misericordioso de María Santísima, que vela por todos los discípulos de su Hijo.

De la Iglesia en el mundo, nosotros que la formamos, mana la salvación, la vida en todos los pueblos, en todas las culturas, en todas las razas. Éste es su ser y su misión. Tenemos que dar vida con nuestro testimonio, con nuestra palabra, con nuestra manera de vivir.

Tenemos que ser fuente de vida, de sanación en las relaciones, comenzando por la familia. Tenemos que ser nosotros los que sanamos el sufrimiento en el mundo.

San Pablo nos recuerda y nos cuestiona: ¿No saben acaso ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes? El Señor quiere habitar en cada uno. Lo que San Pablo dice para cada cristiano, también lo dice para la familia, Iglesia doméstica, como templo vivo que debe ser.

Hay quienes reciben un Sacramento solo para que sea motivo de una fiesta, y nada que ver con el aspecto religioso, o para resaltar su posición en la sociedad.

Esta Iglesia es el cuerpo vivo de Cristo. Él es la cabeza, y todos los que nos hemos adherido a Él por el Sacramento del Bautismo somos miembros de su cuerpo. Él es la cabeza y nosotros somos miembros vivos de este cuerpo.

Y, ¿por qué está vivo este cuerpo unido a la cabeza?, por la presencia del alma. Cuando de un cuerpo se separa el alma, ¿qué tenemos?, está muerto. En el cuerpo vivo de Jesús que es la Iglesia, Él como cabeza y nosotros como miembros, el alma de este cuerpo es, precisamente, Cristo.

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