RAMIRO ESCOTO RATKOVICH

En un reciente viaje que hice con la intención de visitar Tierra Santa con un grupo de peregrinos, nos sorprendió el estallamiento del conflicto bélico entre Israel e Irán. Como periodista, puedo decir que no es fácil estar en medio de esta situación, o más bien, en el centro del mismo, aunque sabemos que la llamada “guerra eterna” advierte la pérdida de vidas un día sí y el otro también, ahora se agrega un temor más al advertirse niveles que alcanzan los adjetivos “nuclear” y “atómico” ¡Y no, no es cómodo! Como periodista, tenía la intención de visitar los lugares santos para hacer una serie de reportajes, crónicas que geolocalizaran Belén, Nazaret, Jerusalén y demostrar que estos sitios se encontraban fuera de los objetivos de drones y misiles, que no forman parte del conflicto. Después de estar en la ciudad de El Cairo, en Egipto llegué solo a Jordania, ahí nos recomendaron no continuar nuestro camino por las restricciones entre las fronteras de la región.
CORRESPONSAL DE GUERRA
Y de pronto estaba ahí, en medio de un conflicto siendo un corresponsal de guerra. Cuando me reporté con mis jefes me pidieron la primera nota del conflicto y entonces comencé a narrar lo que veía, describir cómo los hoteles en Egipto y Jordania están plagados con detectores de metales y equipos de rayos x para equipajes y como todo es revisado minuciosamente como parte de los protocolos de seguridad.
Retenes en carreteras, garitas de seguridad en las fronteras, incluso, revisión de los equipos de cámaras tanto fotográficas como de video para checar el nivel de lentes que usas y el contenido que grabas, son parte de los procesos de revisión que tienes que pasar incluso hasta tres veces en un mismo aeropuerto.
Las redes sociales en Medio Oriente también juegan su guerra, de ambos lados, los involucrados advierten que van ganando, algunos videos muestran con inteligencia artificial, con fotos y videos manipulados o que no corresponden a la fecha forman parte de una propaganda que además de desinformar, alientan aún más el odio y la razón de tener un conflicto activo y con ventajas.
Escuché varias veces las alarmas que advierten un posible ataque por misiles, un tono que alerta, que preocupa, que genera incertidumbre y que la adrenalina se convierte en miedo, luego una voz en árabe (porque estaba en Jordania) que advertía que era probable que observáramos en los cielos cruzar misiles o drones, estas palabras del guía asustaron a una menor que estaba junto a sus padres, comenzó a llorar, inmediatamente se alejaron del sitio. Unos policías nos dijeron que era parte de un protocolo, pero es normal alterase cuando estás en un sitio que en esta medio de un conflicto bélico.
EN ALERTA
En el último piso del hotel en donde estábamos hospedados, por las noches, la cámara estaba encendida para grabar lo que sucedía, advirtiendo la puntería del escudo jordano para dar con los artefactos que intentaban cruzar de Irán a Israel, era todo un espectáculo sí, pero conmocionaba el hecho de que uno de ellos pudiera pegar a la ciudad que vivía con aparente normalidad.
En un nuevo intento por cruzar hacia Israel, en el medio del desierto, las noticias advertían que el conflicto tenia más protagonistas: Rusia, Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, los bombardeos no eran ya sólo por las noches, los reportes llegaban desde temprano, donde advertían que los periodistas en Jerusalén, tenían que estar pasando a los bunkers de manera constante y que el escudo de hierro comenzaba a ser burlado, esto dejaba en claro que la guerra no daba ninguna garantía.
Tuve la oportunidad de estar en el Rio Jordán, donde bautizaron a Jesús y desde un monte vi a lo lejos la ciudad de Jerusalén, y fue un claro mensaje de tener paciencia para llega ahí en otro momento, como lo hizo Moisés para llegar a la tierra prometida.
Platiqué con hoteleros, restauranteros, prestadores de servicios varios, así como dependientes de tiendas de souvenirs quienes saben que el conflicto les afecta, no tienen clientes, no hay economía y deben entonces tomar una decisión, quedarse o buscar la vida en otras tierras.
La salida de Jordania hacia El Cairo, en Egipto no fue fácil, todo un día, primero en ferri y luego en autobús; la seguridad a tope, las revisiones aún más exhaustivas, y de ahí, volar a Madrid, donde advertimos vuelos llenos, justo de quienes huían de la guerra, y cuya entrada a Europa condicionaba tener un boleto de ida y de vuelta, dadas las circunstancias que podían tener más migración por ese motivo.
Una guerra que seguirá y como dice el Papa León XIV a propósito del tema: “Muchos están muriendo en esta guerra donde nadie gana”.

