
“Reencarnas al enseñar, al ponerte al servicio de lo que otros desean y pueden llegar a ser”. MOi
Moisés Galindo
Reencarnar en un sentido más profundo, es volver a tomar cuerpo. Sin conocer lo que ocurre después de la muerte; como metáfora espiritual, es permitir que algo bueno de tu vida vuelva a vivir en otros, a través de un acto de amor, decisión, ejemplo, enseñanza, obra o palabra,
Durante mucho tiempo se ha pensado que para reencarnar primero hay que morir. Sin embargo, tienes la posibilidad de reencarnar muchas veces mientras sigas con vida.
Cada vez que compartes lo que sabes, levantas a alguien con una palabra prudente, dejas una huella positiva en tu sagrada familia, en tus amigos, alumnos, colaboradores, proveedores o clientes, una parte de ti vivirá en alguien más.
Desde muy joven tuve la oportunidad de ser profesor en una secundaria nocturna para adultos. Casi todos mis alumnos me llevaban algunos años. Mientras que llegaba al salón con mis apuntes, ilusiones y libros, ellos llegaban con cansancio, historias, responsabilidades y sueños pendientes.
Con el tiempo entendí que enseñar es ponerse al servicio de lo que otros desean y pueden llegar a ser.
REENCARNAR
Ahí descubrí una de las formas más hermosas de trascender: compartir conocimientos. Todo aquello que recibes de tus padres, maestros, libros, experiencias, errores y silencios; eres un depositario temporal de sabiduría que debe circular; Si la guardamos sólo para ti, se seca. Si le compartes, se convierte en río.
Como maestro reencarnas en tus alumnos, cuando una frase dicha hace años aparece, de pronto, en una decisión importante. Como papá reencarnas en tus hijos cuando éstos repiten un gesto de bondad que vieron en casa.
Como mamá reencarnas cuando tu ternura se vuelve refugio en otra generación. Un amigo reencarna cuando su consejo ilumina después de una conversación aparentemente sencilla.
También reencarnas al escribir un libro, carta, una reflexión o una columna pueden convertirse en pequeñas semillas de eternidad. Tal vez quien las lea nunca conozca al autor o le encuentre años después. Sin embargo, si una de sus ideas te ayuda a vivir mejor, a perdonar, a levantarte, a servir o a mirar con esperanza, entonces algo del alma de quien escribió ha vuelto a respirar.
LA VIDA PROFESIONAL
En mi vida profesional, al diseñar y dirigir el desarrollo de software, también encontré otra forma de reencarnación. Un programa dista de ser sólo código. Es pensamiento organizado, experiencia convertida en proceso, es una forma de decir: “así puede fluir mejor la realidad”.
Cuando alguien usa ese sistema, está utilizando una parte del entendimiento, la intención de quienes lo diseñaron, la lógica y la sensibilidad. Así la inteligencia humana queda embebida en una herramienta que otros ponen en movimiento.
Lo mismo ocurre con quien construye una casa, un edificio, una empresa, una comunidad o una institución. Toda obra material tiene vida útil; sin embargo, cuando esa obra nace del servicio, de la excelencia y del deseo genuino de mejorar la vida de quienes te rodean, es más que materia, se convierte en legado.
SEMILLAS EN LOS DEMÁS
Por eso conviene preguntarnos: ¿En quién estoy reencarnando hoy? ¿Qué parte de mí estoy dejando sembrada en los demás? ¿Estoy transmitiendo esperanza o miedo? ¿Estoy heredando prisa o serenidad? ¿Estoy multiplicando posibilidades o quejas?
La trascendencia dista de requerir grandes monumentos. A veces comienza con escuchar mejor, enseñar con paciencia, corregir con amor, trabajar con excelencia, agradecer con humildad y servir sin esperar aplausos.
Cada día la vida te regala una oportunidad sagrada: sin esperar a morir para trascender. Puedes reencarnar desde hoy, en cada persona que tocas con amor, bondad y sabiduría.
Al final, lo que compartes con el corazón nunca se queda inmóvil, sigue caminando, enseñando, iluminando, impulsado e inspirando a quienes te rodean.
