Un chequeo para la Cuaresma

por Michelle Fletes Rubio
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Hermanas y hermanos en el Señor:

“Conviértete y cree en el Evangelio” son las palabras con las que iniciamos el camino cuaresmal.
¿Qué debe sobresalir en este recorrido? Primero, un mayor interés por escuchar y meditar la Palabra de Dios. Luego, un espíritu de privación y sacrificio que propicie nuestro cambio de vida. Además, un tiempo de más oración, de mayor comunicación con Dios. Y, también, que sea un tiempo de caridad y servicio a los hermanos más necesitados.

Con estos signos retomamos la esencia de nuestra vida cristiana, nuestra verdadera identidad, que es nuestra pertenencia a Dios.

Esto se nos olvida, y pasamos de lado que un día vamos a encontrarnos definitivamente con Él.
El camino cuaresmal nos ayuda a retomar la conciencia de que pertenecemos a Dios, somos de Él, y al retomar esta conciencia vamos a experimentar lo que debe ser la vida de la Iglesia y lo que debería ser la vida de cada creyente, una experiencia de vida nueva, vida que Jesucristo nos mereció con su Pasión, Muerte y Resurrección. Este camino debe ser de renovación, atentos a llevar a cabo las acciones mencionadas anteriormente.
En este contexto la Palabra de Dios nos ofreció la experiencia de Jesús ante las tentaciones, el pasado domingo. El Señor fue tentado después de los 40 días que estuvo en ayuno y oración en el desierto. A nosotros se nos propone que, al inicio de la Cuaresma, que analicemos qué tan  eles somos a Dios ante las tentaciones que el Maligno nos presenta.
Debemos ser conscientes de que somos víctimas de las tentaciones, y mientras sucumbimos a ellas, no alcanzaremos la vida nueva que Jesús nos mereció. Por eso, es importante pensar en las tentaciones que tenemos.

Las tres tentaciones que experimentó Jesús sintetizan el sinnúmero de pruebas que podemos tener, que se reducen a quitar a Dios de nuestra vida, a no tenerlo como el centro de nuestra existencia y buscar las satisfacciones de nuestros deseos en cosas que no son importantes, en postrarnos ante ídolos, que no resuelven nuestros problemas existenciales y menos el destino  final. Nos postramos ante falsos dioses.
Renunciamos al poder providente de Dios que nos protege y nos cuida, y se lo con amos a las fuerzas del mal.
En la Cuaresma se trata de poner a Dios en el centro de nuestra vida, en la conciencia de que somos criaturas, que no somos dioses. Se requiere humildad, confianza en Dios y la gracia en la perseverancia.

En la Cuaresma debemos hacernos un chequeo de nuestra vida interior.
En cuanto al cerebro, ¿qué ideas rigen nuestra vida y marcan nuestra manera de comportarnos y relacionarnos?
En cuanto al corazón, ¿en qué está ocupado el afecto de nuestro corazón? ¿A quién tenemos en el centro, qué criaturas tenemos en él? ¿A qué vicios y pecados colocamos en el centro de nuestra afectividad? ¿A qué estamos adictos?

Examinemos, además, cuánto ejercicio hacemos para ponernos en condición de discípulos de Jesús.
En cuanto a la dieta, ¿qué alimento damos a nuestro ser interior?, y ¿de qué nutrimos nuestra manera de pensar y de concebir la vida?
En la Cuaresma hagámonos un examen de cómo anda nuestra vida interior.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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