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Un difícil legado

por Quetzali Hernández
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PBRO. RMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Hay ideas que no se pueden asimilar en poco tiempo, hay proyectos que no se concluyen en un solo periodo, hay visiones que solo con el paso de los años se pueden entender, porque quienes generan esas ideas, proyectos y visiones suelen ser siempre personas adelantadas a su tiempo. Esa es la sensación presente que se tiene al concluir el pontificado del Papa Francisco.

Sin duda el Papa Francisco no vivía en el futuro del mundo secular, pero sí que vivía muy por delante del tiempo en que vive todavía la Iglesia y, particularmente, la mayoría de sus líderes. Ya en otros tiempos hubo otro Francisco a quien el Señor le pidió “reconstruir su Iglesia” atrapada en una estructura de poder imperial y pérdida de la vivencia evangélica, al Papa Francisco le ha pedido lo mismo en favor de una iglesia nuevamente clericalizada, encerrada frente a un mundo que ni siquiera se esfuerza en comprender, dispuesta a marcar distancias, separaciones y diferencias, una Iglesia más parecida al mundo farisaico de los tiempos de Cristo, que a la comunidad ministerial de misericordia y de perdón que fundó Jesús.

No fue tarea fácil. Como le sucedió al mismo Señor, los poderes de este mundo se aliaron para sabotear el proyecto del Papa y acusarlo de blasfemia, de no estar guiado por el Espíritu de Dios, de hacer lo que no está permitido por la ley, de tratar con gente de mal vivir, de poner en riesgo el sistema de opresión que reina en todas partes.

El Papa ha cumplido ya su misión en la tierra, muchos se unieron fielmente a su proyecto, otros optaron por hacer oídos sordos, y otros más lo atacaron frontalmente, ahora viene un cónclave en extremo difícil y complejo, pues en él se decidirá no el futuro de un determinado proyecto pontificio, sino el futuro mismo de la Iglesia, sus posibilidades de poder seguir siendo fermento en el mundo o convertirse en preservativo, un cónclave acaso demasiado jalonado por los extremos, siempre operando unos y otros en contra de la acción del Espíritu, y en favor de los protagonismos paranoides de más de algún elector.

Pero mantengamos la esperanza, el Espíritu del Señor sigue actuando en la Iglesia a veces a pesar de la misma Iglesia, y Dios sabe sacar bienes hasta de los males. En este aspecto llama mucho la atención el hecho paradójico de que la misma sociedad secularizada y lejana, siente con pesar la muerte del Papá, y espera aún sin decirlo, que la inminente nueva elección no los defraude, es la esperanza de quienes parecían haberla perdido pero que vibra de nuevo porque siguen viendo en esta vieja Iglesia un camino de futuro y de vida.
armando.gon@univa.mx

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