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UN JALISCIENSE EN EL EVEREST Conquistando un sueño a 8.848 metros de altura

por Michelle Fletes Rubio
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CRISTINA ELIZAEBTH DÍAZ MORALES

El impacto que pueden tener los padres en los hijos, se verá reflejado en los sueños que de adultos deseen alcanzar.

LO DIJO
“Desde el pico más alto del Everest ves un amanecer como nunca has visto en tu vida, ves los Himalayas, la belleza del lugar, es un punto tan alto que miras el horizonte que alcanzas a ver un poquito la curvatura de la tierra”.

Cuando Juan Pedro era niño, su papá participó en una expedición al Monte Everest, a su regreso le relató esa experiencia llena de retos y aventura lo que generó en ese niño de seis años una gran curiosidad y deseo de estar en ese sitio. En el 2014 viajó al campamento base de la montaña más alta del mundo y quedó impactado con la belleza del lugar, fue ahí que decidió que algún día la subiría, sueño que con el paso del tiempo se fue alimentando poco a poco.
Su espíritu aventurero despertó en Juan Pedro Morales Gómez su deseo de escalar cada una de las siete montañas más altas de cada continente, conocido como el reto de las Siete Cumbres. Hasta el momento ha logrado conquistar:
Aconcagua en Sudamérica, Kilimanjaro en África, el Monte Elbrús en Europa y en mayo pasado el Monte Everest en Asia.
En una charla con Semanario, compartió que tomar la decisión de enfrentar el reto de las Siete Cumbres, requiere de disciplina y una preparación multidisciplinar, básicamente se necesita cuidar dos factores: resistencia y fuerza que se adquieren en el gimnasio o subiendo escaleras en una torre de 15 pisos durante varias horas con una mochila con peso. Las horas de entrenamiento dependerá del objetivo a conquistar, para llegar al Everest en su caso, entrenó todos los días cuatro horas.
Para Juan Pedro, la preparación espiritual es la más importante, “es la parte más bonita porque teniendo muy clara la razón y por qué lo haces, estas muy en contacto con Dios, con la naturaleza y con tu mente enfocada”.
Se debe tener en claro que será un reto muy duro, de perder toda comodidad, confort y estar lejos de tu familia, de tu ciudad, de tu casa y de tus seres queridos por mucho tiempo, para llegar a la cima del Everest él le dedicó alrededor de 50 días.
EN LA CIMA DEL MUNDO
Con emoción recuerda cómo se siente llegar a la cima del Everest y estar a 8 mil 848 metros de altura sobre el nivel del mar, son sólo 15 minutos de estar ahí, pero después de tantos días de preparación, escalar, de superar retos, obstáculos, miedos y escenarios naturales complicados, se siente como tocar el cielo.
“Llegar a la cima, es sumamente satisfactorio, es una sensación de haberlo logrado, pero al mismo tiempo se despierta un sentimiento de cautela, porque llegar a la cima es llegar a la mitad del camino, porque todavía falta el regreso y es en donde pueden ocurrir accidentes. Tú te sientes realizado, pero al mismo tiempo hay una vocesita que te dice: no te sobre entusiasmes porque todavía falta el regreso. Se puede decir que lo lograste hasta que regresas al campamento base.
Pero también es una oportunidad profunda para conocerte a ti mismo, dice Juan Pedro, porque en esos momentos de calma, de espera, de introspección te cuestionas que es lo ¿qué estás haciendo?, ¿Por qué lo haces?
Consciente de que en toda expedición existe la posibilidad de no volver a casa, recuerda que hizo un ejercicio que consistió en escribir una carta de despedida a su familia en donde les decía los motivos que lo hacían subir el Everest.
“En la carta les escribí que hacía eso porque me gusta, en un tono bonito, sin miedo o desesperación, viniendo desde el corazón y la gratitud”.

¿Qué pasa en Juan Pedro cuando regresa de una expedición? Dos cosas, primero comer para recuperar el déficit calórico y ver a mi familia. Pero también hay un aspecto interno distinto que te da una perspectiva de ver las cosas de manera diferente, sin tanto drama, porque te das cuenta que no hace mucho tiempo estabas poniendo en riesgo tu vida y ahora las cosas son más fáciles de digerir, se te resbalan, pero también hay un proceso de choque fuerte, porque vienes de unos picos de adrenalina súper altos y ahora estar en tu ofi cina te da un bajo de emoción porque ya no sientes esa adrenalina, es un proceso de adaptación.

ENTRE NUBES Y HIELO
Y a pesar de estar preparado física y mentalmente, hay momentos en donde el miedo sorprende a cualquier alpinista, Juan Pedro recordó que la primera noche que pasó en el campamento cuatro, en la zona de la muerte (se le conoce así porque a determinada altura las condiciones no permiten la vida) los sorprendió una tormenta que los obligó a estar dos noches en ese sitio, fue ahí que sintió temor.
Durante su travesía, su alimentación fue a base de carbohidratos, sopas deshidratadas y poca carne, porque llega un punto en donde el cuerpo no procesa la proteína, como buen jalisciense, iba preparado además con “mangüitos enchilados deshidratados” y pulparindos.
UNA EXPEDICIÓN EN PUERTA
Y continuando con su reto de las Siete Cumbres, Juan Pedro que realiza en compañía de la también alpinista tapatía Regina Ceballos, se prepara para iniciar a finales de octubre su expedición al Monte Carstensz, en Oceanía que se encuentra en la isla de Nueva Guinea, en Indonesia. Con una altura de 4.884 metros, es también la cima insular más alta del mundo esta sería su quinta montaña.
“Esta montaña tiene su dificultad, esta sobre todo son temas sociales porque es una zona de mucho conflicto, con muchas tribus agresivas, guerrillas que han tumbado helicópteros, no puedes atravesar la selva sin el permiso de las tribus, pero es la aventura en sí”, precisó.
Las dos montañas que restan para completar su reto, las tiene contemplado subir el próximo año; Denali en Alaska (Norteamérica) en junio y Macizo Vinson (Antártida) en diciembre, que son las dos más frías en donde se pueden registrar temperaturas de hasta menos 60 grados.
A sus 31 años, Juan Pedro tiene claro que cualquier sueño es posible cumplir, solo basta enfocarse, y trabajar para conseguirlo “solo necesitas estar enfocado y convencido”.

Las Siete Cumbres se refi ere a las montañas más altas de cada uno de los siete continentes y son: Monte Everest (Asia) / Aconcagua (Sudamérica) / Denali (Norteamérica) Kilimanjaro (África) / Monte Elbrús (Europa) / Macizo Vinson (Antártida) Puncak Jaya o Monte Carstensz (Oceanía)

“Hay un factor que a mí se me hace de lo más bonito de la montaña, la capacidad que tiene el humano de disfrutar la belleza, subir y contemplar tanta belleza es algo muy espiritual y profundo que vale toda la pena”.
Juan Pedro

“Volvería a subir el Everest a menos de que tuviera una gran razón detrás muy fuerte”.
Crédito: _studioshadow

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