PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO
Estamos en el mes patrio, celebrando muchas veces hechos que no ocurrieron y hasta personajes que jamás existieron; excluyendo, porque así lo dispuso el gobierno de otros tiempos, a grandes héroes que sí trabajaron por lograr la independencia nacional. Del modo que sea, en ocasiones pareciera que nuestra historia no ha cambiado sino en las formas.
Hace dos siglos la lucha fratricida era entre criollos y peninsulares, teniendo al llamado “pueblo” como carne de cañón de uno y otro bando. ¿Hemos cambiado?
Llevamos 25 años en el Siglo XXI, vamos en el quinto sexenio, y en todos ellos hemos estado liderados por presidentes criollos, uno de ascendencia inglesa, tres de ascendencia española, y ahora una de ascendencia israelí; qué tan criollos o qué tan mestizos, qué tan cerca o qué tan lejos, habría que verlo, pero el hecho es ese
Las cuarenta familias que se dice son dueñas del 80% de la riqueza nacional, tampoco es que sean parte de las comunidades indígenas originarias, e incluso su condición mestiza sería poco visible, de algún modo siguen siendo las élites poderosas lasque a pesar de los años conservan su estatus, si bien, entre ellos existan familias de reciente arribo a este México feliz y soberano.
Este hecho nos lleva a considerar las muchas generaciones que deben pasar para que las comunidades marginadas por privilegio o exclusión puedan empoderarse de un país del que acabaron siendo parte. Lo mismo podemos decir de las antiguas castas que en la guerra de independencia fueron solamente activos para movilizar, no para bene ciar, y lo siguieron siendo en las luchas partidistas de la vida independiente incluyendo la revolución mexicana que algunos románticos consideraron una genuina lucha del pueblo marginado. Por supuesto que el pueblo marginado participó nuevamente en ambos bandos, pero eso no significa que haya mejorado sustancialmente su posición, adicionalmente, muchos de esos soldados de la revolución o de su contraparte, eran llevados por la leva, casi de la misma forma en que hoy día cientos de desaparecidos son levantados para incorporarlos a la milicia delincuencial.
Fue necesario esperar al “milagro mexicano” que corrió del presidente Ávila Camacho al presidente Díaz Ordaz para que se dieran verdaderos avances en la condición de la gente de menos recursos, y solamente hasta el sexenio pasado el salario mínimo aumentó de manera muy significativa, lo mismo que los múltiples programas sociales que permitieron objetivamente reducir el índice de pobreza en México, independientemente de los fines partidistas que esas medidas hubiesen tenido.
En los sexenios previos, de Salinas a Peña, las élites de siempre fueron muy favorecidas bajo el argumento de que eran creadoras de riqueza y de empleo, lo cual es cierto, pero con salarios que en esos años nunca llegaron ni siquiera a cien pesos diarios.
Lo cierto es que México ha logrado ser y mantenerse como la segunda economía de América Latina, pero no somos todavía la primera democracia, ni el país más seguro o el más igualitario, debemos seguir trabajando.
armando.gon@univa.mx
