RAMIRO ESCOTO RATKOVICH / PERIODISTA Y VATICANISTA

El Santo Padre celebró su primera Navidad como Pontifice, pidiendo por la paz mundial, con especial atención al sufrimiento de Gaza y Ucrania. En su mensaje Urbi et Orbi, instó al diálogo y a la solidaridad global, recordando a los marginados y afectados por conflictos.
En la primera Navidad del Papa León XIV en la Basílica de San Pedro, dio un mensaje que advierte la huella que, desde el inicio de su pontificado, pone la Imagen de Cristo como bandera de paz para todo el mundo. «Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy, desde el cielo, ha descendido la paz sobre nosotros». Así iniciaba el mensaje Uri et Orbi desde el balcón principal del icónico edificio de la Santa Sede.
El Niño que ha nacido de la Virgen María es Cristo Señor, enviado por el Padre para salvarnos del pecado y de la muerte. Él es nuestra paz, Aquel que venció al odio y a la enemistad con el amor misericordioso de Dios. Por eso, «el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz». Jesús nació en un establo porque no había lugar para Él en el albergue. Al nada más nacer, su madre María «lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre».
El Hijo de Dios, por medio del cual todo fue creado, no fue acogido, y su cuna es un pobre comedero para animales. El Verbo eterno del Padre, que los cielos no pueden contener, ha elegido venir al mundo de esa manera. Por amor quiso nacer de una mujer, para compartir nuestra humanidad; por amor aceptó la pobreza y el rechazo y se identificó con los que son marginados y excluidos.
El Papa, en su mensaje, inspiración del Espíritu Santo, sigue con voz fuerte y directa: Jesucristo es nuestra paz, ante todo porque nos libera del pecado y, luego, porque nos indica el camino a seguir para superar los conflictos, todos los conflictos, desde los interpersonales hasta los internacionales. Sin un corazón libre del pecado, un corazón perdonado, no se puede ser hombres y mujeres pacíficos y constructores de paz. Por esto Jesús nació en Belén y murió en la cruz: para liberarnos del pecado. Él es el Salvador. Con su gracia, cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación.
Al Niño de Belén imploramos paz y consuelo para las víctimas de todas las guerras que se libran en el mundo, especialmente aquellas olvidadas; y para quienes sufren a causa de la injusticia, la inestabilidad política, la persecución religiosa y el terrorismo.

El Papa nombró todos los conflictos, a todos los países involucrados en guerras y guerrillas, conflictos y persecuciones, el mensaje fue dirigido con nombres en la invocación por que el significado de la Navidad llegue con el deseo tangible de una paz duradera y real, con perdón y asistencia para quienes sufren y evitar la venganza de quienes la buscan para cobrar lo que la guerra les dejó.
“Que el Niño Jesús inspire a quienes tienen responsabilidades políticas en América Latina, para que, al enfrentar los numerosos desafíos, se le dé espacio al diálogo por el bien común y no a las exclusiones ideológicas y partidistas”, dijo casi al finalizar el discurso.
En la oscuridad de la noche aparecía «la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre», pero «los suyos no la recibieron». No dejemos que nos venza la indiferencia hacia quien sufre, porque Dios no es indiferente a nuestras miserias.
¿Cuándo se da el Urbi et Orbi?
La bendición Urbi et Orbi se imparte en los dos días más importantes del calendario cristiano, como son el día de Navidad y el Domingo de Resurrección.
