PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO
Esta semana ha tenido lugar en la UNIVA la asamblea de la Federación Internacional de Universidades Católicas, (FIUC) es la primera vez que esta federación se reúne en México. Sus objetivos son renovar su mesa directiva y ofrecer interesantes exposiciones acerca de temas como el diálogo entre fe y cultura, la universidad católica como impulsora de impacto social, la ética de la investigación, el pacto global por la educación, etc.
Rectores y académicos han participado en diversos paneles y conferencias, escuchando y proponiendo conocimientos y experiencias bajo el lema “Universidades católicas, coreógrafas del conocimiento”, los expositores han provenido de Japón, Portugal, Kenia, Palestina, Cuba, Filipinas, Colombia, India, Brasil, Ecuador, Perú, Estados Unidos, Macao, Nigeria, Canadá, Ucrania y Líbano. De México participó una investigadora en una mesa redonda.
La asamblea se tuvo en el marco del primer centenario de la fundación de la FIUC, y fue inaugurada por el Cardenal Tolentino, prefecto del Dicasterio para la cultura y la educación, y por la presidenta saliente de la FIUC, Isabel Capeloa, de la Universidad Católica de Portugal.
Los beneficios que las universidades católicas han prestado al mundo son innumerables, incluso durante siglos la universidad católica fue creadora y conductora de la civilización occidental. En el momento actual estas instituciones siguen ofreciendo a la humanidad la posibilidad de una educación verdaderamente integral, que haga del profesionista un transformador de la sociedad y no sólo lo capacite para ganar dinero y posiciones de poder.
Naturalmente, el panorama de las universidades católicas es muy diverso dependiendo de los países donde laboran, pero un reto todavía por alcanzar radica en su eficiencia para impregnar de los valores del Evangelio la nueva civilización
secular, un reto complejo desde el momento en que algunas universidades, aun pareciendo católicas, han dejado de considerar esta meta como parte de su compromiso educativo, acaso confundiendo proselitismo con evangelización.
El reto económico no es menor, pues en muchos países la educación católica resulta ser muy cara, lo cual limita su alcance social y cuestiona su compromiso solidario, aún más, en países como México, la costosa inversión en educación universitaria privada no siempre se ha reflejado en la generación de profesionistas capaces de modificar la idiosincrasia cultural, política y económica del país. Numerosos actores sociales egresados de universidades católicas no han sido factores de un cambio verdadero, ni siquiera en el ejercicio mismo de una profesión con sentido ético
La competencia que se da entre las universidades privadas, católicas o no, constituye otro reto, todavía no se alcanza un adecuado nivel de colaboración y de alianzas estratégicas que favorezcan a la comunidad y generen centros de investigación conjuntos y respetables. A este respecto los campos serían variados y los beneficios múltiples, pero todavía las fronteras son demasiado evidentes, lo mismo entre países que entre continentes, y aún entre congregaciones. Persisten igualmente algunas miradas verticales que ven a los países de menores recursos como damnificados permanentes, y en ocasiones hay algo de razón, pero los caminos para crear un espacio de comunión e igualdad van por otros senderos, con otro tipo de miradas.
armando.gon@univa.mx
