PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO
No sé si sea un criterio pastoral, pero ciertamente es un criterio práctico: las Parroquias tienen el número de Sacerdotes que pueden sostener, no el número de Sacerdotes que necesitan. De ahí que, aun cuando se trata de crear una nueva Parroquia, muchas veces la primera pregunta es justo de orden práctico.
Bajo esta luz, la Diócesis de Guadalajara debería declararse tierra de misión, para que entonces el criterio fundamental fuera la necesidad pastoral y no la sustentabilidad, ya que las misiones las sostiene la Iglesia con los recursos propios que concentra, toda vez que las tierras de misión no los generan por razones obvias, y como este hecho no va a detener la vocación misional de la Iglesia, pues se hacen colectas mundiales para su sostenimiento.
Al margen del debate, la realidad es que existen zonas densamente pobladas en casi todas las periferias urbanas, y territorios parroquiales que superan ampliamente los treinta mil habitantes, en condiciones urbanas, económicas, higiénicas y atmosféricas precarias, bajo el cuidado de uno o de dos Sacerdotes que, como se dice, hacen lo que pueden, pero a un costo humano elevado en todos los aspectos.
También la comunidad católica hace allí lo que puede, pese a que cotidianamente son asediados por docenas de propagandistas protestantes cuyas denominaciones sí poseen los recursos suficientes para sostenerlos y enviarlos una y otra vez a esos sectores populosos de la Zona Metropolitana. Igualmente, poseen los recursos para construir templos sin fieles, regalar propaganda y hasta
despensas a sus oyentes; para estos grupos las razones pastorales son las que importan, aunque de momento deban sufragar las cuestiones prácticas.
A fines del siglo XVIII, vino a la Nueva España un visitador nombrado por el rey Carlos III, que entre otras cosas observó la impresionante desigualdad existente entre las Diócesis del virreinato, no solo en tamaño, sino en personal y en recursos. Posteriormente, José María Luis Mora hizo un agudo análisis de las desigualdades prevalecientes ya en el México independiente, dentro de las mismas Diócesis, que explicaba la diferencia tan notable entre el alto y el bajo clero, como se decía entonces, el encono que se daba entre unos y otros, y la tendencia del bajo clero a andar todo el tiempo con apremios de dinero, mientras que el alto clero concentraba la mayor parte de los diezmos. Todas aquellas estructuras se extinguieron finalmente, sea por efecto de las leyes civiles que de las reformas eclesiásticas, pero las desigualdades se mantienen más o menos hasta el presente, luego de sesenta años de finalizado el Concilio Vaticano II, y sin desconocer una notable serie de aciertos y mejoras, así el hecho de que muchas Parroquias que pueden, paguen el estipendio de Sacerdotes que trabajan en regiones pobres y lejanas; no obstante, un tema de reflexión, de análisis, y hasta de auditoría, sigue siendo la administración y distribución de los bienes, así como los criterios vigentes para la adecuada atención de las zonas pastoralmente más urgidas.
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