FRANCISCO JOSUÉ NAVARRO GODÍNEZ
2° DE CONFIGURACIÓN

Durante este Año Santo Jubilar recordamos que somos «peregrinos de esperanza», nos preparamos para el encuentro definitivo con Cristo el Señor. Y en este peregrinar no vamos solos, basta echar una mirada alrededor para descubrir que hay otros que se esfuerzan, que piden a Dios la gracia de continuar a pesar de los obstáculos que se puedan presentar y ponen los medios para ver realizado el anhelo más profundo de su ser: la felicidad, el Cielo.
El pasado 1 de junio se realizó la séptima edición de la Carrera del Seminario, que llevó como lema: «Te haré signo de esperanza. ¡Ven y corre!». Este evento reunió a cerca de seis mil corredores desde los más competitivos que buscaban los primeros lugares y quienes disfrutaron la oportunidad de ejercitarse, convivir y vencerse a sí mismos descubriendo de lo que son capaz. Esta justa deportiva convocó también a los niños y a personas en sillas de ruedas, invidentes o alguna otra discapacidad, ya que todos, absolutamente todos, corremos en búsqueda del mismo premio: «la corona que no se marchita».
La alegría, la música y la fraternidad estuvieron presentes en el ambiente que se vivió desde las primeras horas del día. Después de la oración y bendición por parte del Sr. Obispo Auxiliar, Ramón Salazar, quien participó corriendo en los 5km, se dio el disparo de salida y el momento de recoger los frutos llegó, el cronómetro avanzaba mientras los corredores tenían un solo propósito en mente: llegar a la meta recorriendo 2, 5 o 10km, según la categoría que eligieron, entre gritos y porras. Tras atravesar la meta, la recompensa, colocarse la medalla que constata la participación y recuerdo de ese logro.
Más, ¿de qué serviría la vivencia de aquel encuentro fraterno y deportivo, donde la recompensa es efímera, sin mirar a lo perenne y eterno? La Eucaristía es la acción de gracias por excelencia, por ello la celebramos, porque en ella está la fuente de nuestra esperanza, y es prenda de la futura gloria. El Sr. Obispo recordó, en la solemnidad de la Ascensión del Señor, que la plenitud de los hijos de Dios no está en este mundo, por los grandes logros, por los beneficios y por los dones, pues el corazón del ser humano no estaría satisfecho, sino que la plenitud radica en estar con el Padre y por eso Jesús dijo a sus discípulos, “me voy a la casa del Padre a prepararles un lugar”, ¡pues hay lugar para todos!
Agradecemos a nuestros patrocinadores que hicieron posible la Séptima Carrera del Seminario, y más especialmente a cada corredor que al participar se dio la oportunidad de superarse, convivir y ayudar a la casa de formación de los futuros pastores, puesto que gracias a lo recaudado podemos continuar con los trabajos de conservación y nuevos proyectos para nuestro Seminario.
Querido lector, no hay mayor gozo que el saber que en el peregrinar de la vida no vamos solos, que es necesario no dejar de avanzar e impulsar a otros para que también avancen, siendo para el mundo signos de esperanza.
