Inicio EditorialVer y escuchar a México con los ojos del corazón

Ver y escuchar a México con los ojos del corazón

por Quetzali Hernández
0 comentarios

En días pasados, los Obispos de México tuvieron la primera de dos reuniones que realizan al año; en ella, luego de una Misa en sufragio por el eterno descanso del Papa Francisco, buscaron discernir sobre los principales desafíos que enfrenta la Iglesia en México con más urgencia respecto a la familia, la reconciliación y la paz.

Mencionaron que tienen presentes los acontecimientos que preocupan a todos: la violencia que no cesa y que va impactando directamente a las familias y a los diversos ámbitos de la sociedad, incluyendo la Iglesia Católica; las desapariciones forzadas de personas que terminan o en fosas clandestinas o incineradas o en las filas del crimen organizado; el alcoholismo y la drogadicción; la reforma judicial, una de cuyas aplicaciones es la próxima elección para diversos cargos en el ámbito del poder judicial.

Reconocieron que el panorama es poco alentador, pero en el contexto del año jubilar, invitan al pueblo mexicano a convertirse en signos de esperanza, comenzando por poner atención a todo lo bueno que hay en el país, para no caer en la tentación de considerarse superados por el mal y la violencia, a “no dejarse robar la esperanza”, como llegó a expresar el Papa Francisco. Ser una Iglesia donde todas las voces cuenten, especialmente las de las familias, las mujeres, los jóvenes, los pueblos originarios, los migrantes, las víctimas de la violencia y de cualquier discriminación. Pide el Episcopado, “sigamos construyendo familias sólidas, comunidades reconciliadas, y una sociedad donde la vida tenga valor y la paz sea posible. La garantía más contundente de nuestra esperanza es el Señor resucitado”.

No dejaron de lado, en la Asamblea, los retos que tienen por delante, haciendo un discernimiento acerca de los caminos de paz que ayuden a responder a la violencia que no cesa en el país. Escucharon a matrimonios, jóvenes y miembros de la vida consagrada, compartiendo los dolores y esperanzas, experimentando las diversas situaciones que lastiman a las familias, por lo mismo, tuvieron muy en cuenta el tema de la reconciliación y la paz.

Afirman en su mensaje conclusivo que la familia es comunión de amor, escuela de humanidad, y el Pueblo de Dios está llamado a ser familia, donde todos aprendan a ser hermanos y los Pastores a ser padres. Puntualizaron que la familia, por su vocación eclesial y teológica, “tiene una misión específica en la sociedad y en la Iglesia. En ella se encarna el amor gratuito, la acogida del otro, la fecundidad del don y la construcción diaria de la comunión; es una escuela donde se aprende a escuchar, a confiar y a perdonar”.

Están conscientes los Pastores que “es urgente sostener y acompañar a las familias, no con discursos abstractos, sino con cercanía, políticas públicas que reconozcan su valor fundamental, y comunidades cristianas que las acompañen en sus angustias y desafíos”. Examen de consciencia tienen que hacer, todos los sacerdotes en sus parroquias, sobre lo que no han implementado con sus matrimonios y familias, pero también los feligreses tienen que reconocer que no siempre han puesto atención especial hacia el interior de su hogar. La violencia desangra la patria, pero antes, mucho antes, puede estar desangrando la propia familia.

A poner manos a la obra, confiando en Dios y recordando que, Santa María de Guadalupe, camina con nosotros. Custodia nuestros más altos deseos, nuestras más recónditas esperanzas. Ella recoge nuestras alegrías y lágrimas y nos responde con ternura de Madre porque somos sus propios hijos.

También te puede interesar