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Vergüenza y culpa

por Michelle Fletes Rubio
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QUERIDA LUPITA:
Llevo semanas dando vueltas a un error que cometí. Alguien me corrigió en público y sentí vergüenza. Me estoy diciendo todo el día que soy una tonta y quisiera superar esta tortura mental. Además, me siento culpable por haber afirmado algo que en realidad no tenía bien estudiado.

HERMANA MÍA, MARITERE:
Todos cometemos errores y es muy importante no auto-destruirnos por ello. Equivocarnos puede resultar la más e caz lección que nos permita mejorar en todos los sentidos. El error humano es parte del proceso de crecimiento; por eso, se dice que el camino al éxito está lleno de fracasos.
Sentirse mal después de ser corregido, es una experiencia que llega en algún momento de la vida a todos nosotros. Te muestro algunas sugerencias útiles para manejar sabiamente los sentimientos de vergüenza y de culpa:

  • Acepta tus errores con humildad
  • No tomes la corrección como un ataque personal.
    Separa tu autoestima de tu error
  • Analiza lo que sucedió y reflexiona sobre lo que te llevó a cometer el error y cómo puedes evitarlo en el futuro
  • Aprende de la experiencia, utiliza esa corrección como una oportunidad para crecer y mejorar
  • Mantén la perspectiva, no te obsesiones con tu error.
    Recuerda que un error no define tu valor como persona
  • Cuida tu autoestima, no te critiques demasiado, todos cometemos errores
  • Recuerda tus logros y valora tus fortalezas

La culpa y la vergüenza son sanas cuando, conscientes de nuestro error, lo aceptamos y nos disponemos a aprender. Una vez aceptándolo, dejamos atrás el error y caminamos erguidos, con dignidad, porque nos sabemos valiosos y capaces de aplicarnos para seguir adelante con la mejor versión de nosotros mismos. Estos sentimientos mal manejados, por el contrario, son muy dañinos, ya que son semilla de negatividad de auto-concepto, afectando auto-estima y deteriorando nuestra salud mental.
Todos podemos manejar adecuadamente los sentimientos de vergüenza y culpa, aunque esto lleva tiempo y práctica.
Seamos pacientes con nosotros mismos, recordando que Dios nos brinda oportunidades cada día para elegir y realizar el bien.
Pidamos a Dios que nos dé su mirada. Él nos mira con ternura infinita, somos hechura de sus manos y nos ama entrañablemente.
Podemos orar con el salmista diciendo: “No bien decía: mis pies resbalan, cuando ya tu amor Señor, venía en mi ayuda. Cuando mi angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría” (Sal. 94, 18-19).

Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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