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VIAJE A LAS ESTRELLAS Viaje de 400 años a bordo dela nave-ciudad Chrysalis

por Quetzali Hernández
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FABIÁN ACOSTA RICO| UNIVA

Viajar a las estrellas, ¡qué empresa tan trascendente! La ciencia FIcción lo anticipó hace décadas. En la serie Star Trek, acompañábamos al capitán Kirk y a Spock en su travesía interestelar por mundos habitados por razas extraterrestres. Hoy, aquella fantasía podría aproximarse a la realidad.

También tenemos la distopía de Wall-E, una nave colosal orbitando la tierra con la humanidad sobreviviente llevando una vida parasitaria esperando la rehabilitación del planeta; de momento inhabitable, por una crisis ambiental y de basura. Nada de ir a explorar el Universo.

Ahora bien, en ese mismo escenario, imaginemos transportara una población entera en naves espaciales tipo arca, como en la película Pasajeros (2016), donde los tripulantes permanecen en hibernación hasta llegar a su destino. O como en Interstellar (2014), que plantea un escenario en el que un grupo de astronautas busca un planeta habitable porque la Tierra agoniza ambientalmente. La migración hacia otro planeta podría convertirse en la próxima gran aventura humana.

Con la tecnología actual, un viaje más allá del sistema solar duraría varios siglos. No sería la misión de unos cuantos astronautas, sino de toda una colonia confinada en una nave-colonia: una microcivilización que vería nacer y morir a varias generaciones, todas con un mismo propósito, llegar a un nuevo mundo. Sería un experimento sociológico y biológico sin precedentes, un símil de una granja de hormigas surcando el espacio en nombre del sueño humano de trascender.

GRANDES PROYECTOS

Un proyecto de esa magnitud exige cooperación internacional. Científicos y diseñadores de distintos países ya han propuesto un modelo de nave-colonia: la Chrysalis, concebida para albergar a 2,400 personas durante un viaje de 400 años rumbo al sistema Alfa Centauri, el más cercano a la Tierra.

Explorar las profundidades oceánicas, conquistar la Antártida o llegar a la Luna fueron desafíos formidables, pero ninguno tan ambicioso como este. La Chrysalis representaría un esfuerzo comparable, en otra escala, a la llegada del hombre al satélite terrestre.

El proyecto requiere de una planeación multidisciplinaria que involucra biología, arquitectura, ingeniería y psicología. Se trata de crear un hábitat autosuficiente que mantenga a una población humana por generaciones, capaz de producir oxígeno, purificar agua, reciclar residuos y generar alimentos mediante cultivos asistidos robóticamente.

LA CHRYSALIS

La británica Initiative for Interstellar Studies impulsa este sueño bajo el nombre de Proyecto Hyperion . L a Chrysalis sería el artefacto más grande construido por el ser humano: una estructura modular de 58 kilómetros de longitud, compuesta por anillos concéntricos con viviendas, áreas de cultivo y ecosistemas artificiales. Lo mejor de la tecnología humana se pondrá a prueba en este esfuerzo por replicar las condiciones bióticas de la Tierra fuera de ella.

El proyecto se desarrollará en etapas. Primero, se entrenará a los tripulantes en entornos aislados, como la Antártida, durante décadas. Luego, entendiendo que una nave de esas dimensiones no puede despegar desde la Tierra, se planea construirla en el punto L1 del sistema Tierra-Luna, utilizando minerales extraídos del satélite. Allí mismo se establecerá el primer astillero lunar, desde donde despegará la Chrysalis. La nave alcanzará su velocidad de crucero en un año y su travesía hacia Alfa Centauri durará cuatro siglos.

Durante el viaje nacerán los primeros seres humanos fuera de la Tierra: los hijos del espacio interestelar. La población inicial será de 500 personas —mitad hombres y mitad mujeres— de entre 25 y 28 años. Habrá estrictas normas de natalidad: máximo dos hijos por pareja. Se estima que la decimotercera generación será la que arribe finalmente a Alfa Centauri.

Será un viaje sin retorno, en busca de exoplanetas habitables ya detectados en ese sistema estelar. Las generaciones futuras de la Chrysalis tendrán la misión —una que no eligieron— de colonizar y llevar a la humanidad más allá de su cuna. Serán los pioneros que abrirán la ruta hacia un futuro en el que el hombre deje de mirar las estrellas desde lejos y finalmente las habite.

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