CRISTINA ELIZABETH DÍAZ MORALES
Con 18 años de edad y con todas las ilusiones de encontrar otros aires que le permitieran desarrollarse a nivel personal y profesional, Mariana Hernández León, dejó Los Mochis, Sinaloa, la ciudad en dónde creció, para regresar a su natal Guadalajara a estudiar la licenciatura en Artes Visuales en la UdeG en donde tomaría las bases para desenvolverse como foto periodista.

Con ese espíritu arrebatado y aventurero que la caracteriza, llegó para quedarse y descubrir que su pasión es la fotografía, trabajo que le ha permitido, desde hace 16 años, inmortalizar momentos en diferentes áreas en las ciudades en donde ha trabajado: Los Mochis, Guanajuato, la Ciudad de México y Guadalajara.
Ejercer el fotoperiodismo y vivir de esto, es complicado, Mariana no titubea al decir que “es difícil ser fotoperiodista en cualquier tiempo, en este, en el pasado y seguramente en el futuro también va a ser difícil”, desafortunadamente no existe la cultura de pagar el arte y mucho menos el que se hace a través de la fotografía, situación que se agravó desde hace más de una década con la llegada de los teléfonos celulares, pues todos al tener una “cámara” en su móvil, creen que pueden tomar las mejores fotografías.
“Todo mundo puede tomar una foto, pero no todos crean fotos y no todo mundo puede comunicar a través de las fotos”.
SU PASIÓN POR TEMAS SOCIALES Y DE INSEGURIDAD
Cubrir eventos de seguridad o la “nota roja” como se conoce en el medio periodístico, no es cosa sencilla, pero Mariana lo hace de manera natural porque sabe que hay momentos que se deben inmortalizar y pasar de lo complicado a lo estéticamente bello, sin duda su carácter firme y sus convicciones, le permiten lograrlo de la mejor manera.
Como foto periodista, le tocó cubrir diferentes eventos de inseguridad en Sinaloa, en medio de la guerra del narcotráfico, ahí entendió que fotografiar personas fallecidas tenía que ir más allá de mostrar sólo la imagen sensacionalista o amarillista, un charco de sangre o una cara de dolor o sufrimiento, desde su sensibilidad sabía que tenía que dignificar a la persona fallecida con una última imagen que no fuera traumatizante para su familia.
“Al muerto hay que hacerlo bonito. Cuando yo comencé a trabajar en el periodismo en Los Mochis me tocaba cubrir la nota roja y muchas personas se enteraban que había muerto un familiar a través del periódico, entonces me puse a pensar, yo no soy juez y no me importa por qué lo mataron o porqué esa persona murió. Esa persona que ya no está, tiene familiares, tiene una mamá, tiene una hermana, alguna novia que lo quiere a pesar de como haya sido, y la última foto que esa persona vio de su ser querido fue a través del periódico”.
Fue por ello que comenzó a trabajar de manera diferente, con otra mirada a través de la cámara, informando el hecho, pero a la vez dignificando a la persona fallecida.
MARIANA SIENDO MARIANA
A través de su trabajo, Mariana logra captar la esencia de las personas, del momento, del sentimiento, porque hay emociones que no se pueden transmitir con palabras, pero sí con una imagen, Mariana es inspiración para otras mujeres, para otras fotógrafas, porque ven en ella, la fuerza, el profesionalismo y la magia de un momento que queda plasmado en una imagen.
Sin dudarlo, Mariana reconoce que estudiar fotografía le permitió darse cuenta que era una forma de poder compartir con otros, apoyar a otros a través de la imagen. “Nunca voy a dejar de tomar fotografías”, asegura.
El trabajo de Mariana va más allá de la mera documentación: se construye desde la empatía, la participación activa en el proceso emocional y la transformación simbólica de espacios de dolor en territorios de resistencia. Su obra aborda problemáticas sociales graves, como la violencia de género, la desaparición forzada y el narcotráfico, con sensibilidad y estética buscando resignificar experiencias dolorosas, invitando a la reflexión y a la justicia social y emocional.

