
ALFREDO ARNOLD
El próximo miércoles inicia la Cuaresma, periodo del Año Litúrgico que la Iglesia destina a recordarnos la fragilidad de la vida y al mismo tiempo su trascendencia, lo que nos jugamos para la eternidad durante los pocos o muchos años que dure nuestro tiempo en la tierra (“Recuerda que eres polvo…”)
Es sorprendente la rapidez con la que pasa el tiempo. Hace apenas unas semanas celebrábamos la Navidad, con todas las fiestas que le hemos añadido desde antes de las posadas hasta la fiesta de la Adoración de los Magos, el 6 de enero, tiempo al que los mexicanos designamos con sobrado ingenio “Guadalupe-Reyes”, y que seguimos extendiendo hasta la fiesta de la Purificación, más conocida como La Candelaria.
Si hacemos una evaluación cuidadosa de esos días, veremos cómo en lugar de celebrar con moderación las fiestas nos hemos guiado por la compulsión de gastar energía, dinero y en no pocos casos hasta la tranquilidad en las relaciones familiares.
Apenas estamos haciendo el recuento del dinero gastado y los kilos ganados, y nos llega otro motivo para reanudar la fiesta: el carnaval. Yo, que viví en Mazatlán una buena cantidad de años, entiendo lo que eso representa en gasto de tiempo y dinero; pero el Miércoles de Ceniza, apenas unas horas después de finalizado el segundo desfile de reinas, reyecitos y comparsas a lo largo de la Avenida del Mar, la Catedral se llenaba de fieles, algunos para reposar la cruda, otros para pedir perdón por los excesos cometidos los días anteriores, y otros, finalmente, para iniciar devotamente la Cuaresma. No sé si las cosas sigan igual.

A propósito, está por iniciar la Cuaresma, lapso en el que celebramos el inicio de la vida pública de Jesús. Y enseguida vendrá la Semana Santa. ¿Vacaciones de nuevo?, sí, pero a las que les podemos dar un sentido de descanso; si es posible descanso familiar, y no repetir los excesos de los meses anteriores, porque entonces sí, el reposo se tira a la basura y el resto del año se convertirá en una carga muy pesada.
Por supuesto, todavía hay muchas familias que celebran adecuadamente el periodo cuaresmal y la Semana Santa, que este año será del domingo 29 de marzo al sábado 4 de abril; el domingo 5 celebraremos el día más importante del calendario litúrgico: la Resurrección de Jesucristo.
Los tiempos modernos han reducido las obligaciones cuaresmales de los católicos; ya sólo hay dos días, el miércoles de Ceniza y en Viernes Santo en que obliga el ayuno (hacer una sola comida al día) y la abstinencia (no comer carne roja o de ave). Los viernes sólo hay que abstenerse de comer carne. Y de esto están excluidos los menores de 14 y mayores de 59 años.
La Cuaresma, sin embargo, pide algo más a los adultos, algo más que el ayuno y recibir ceniza; pide hacer una reflexión permanente sobre la vida personal, el comportamiento con los demás y la relación individual con Dios, que es probablemente lo más complicado según nuestros criterios.
Visitar el templo, meditar frecuentemente, abstenernos de algunos gustos, leer pasajes doctrinales, de historia sagrada o de vidas ejemplares, ayudar al prójimo, mejorar el carácter, asistir a ejercicios espirituales y otras prácticas, puede ser provechoso para nuestra vida y muy apropiado para la época cuaresmal. Si no fuimos omisos a las fiestas, tampoco lo seamos al tiempo de reflexión que nos pide la Iglesia. Vamos a intentarlo, no cuesta nada.
El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de larga experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
