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Como servidor de la Iglesia, así se vive un Cónclave desde dentro

por Quetzali Hernández
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Pbro. José Luis González Santoscoy
Enviado Especia
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En medio del ritmo ordinario de los Dicasterios, se respira una fe profunda en el Espíritu Santo que guía a la Iglesia.

ROMA- En el corazón de la Iglesia universal, en el Vaticano en estos días se vivió con una mezcla de recogimiento, expectativa y profunda fe. El fallecimiento del Papa Francisco dio paso a un momento que unió a toda la Iglesia en oración, el Cónclave. Mientras el mundo observaba con atención, quienes sirven en la Santa Sede continuaban su labor, encomendando al Espíritu Santo la elección del nuevo Sucesor de Pedro

Mons. César Guadalupe García, Sacerdote incardinado en la Arquidiócesis de Guadalajara, trabaja desde hace diez años en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Su experiencia en estos días ofrece una mirada profunda de lo que ocurrió entre los muros del Vaticano durante el Cónclave.

UNA IGLESIA UNIVERSAL QUE SE HACE VISIBLE

La experiencia de un Cónclave dentro del Vaticano es, antes que nada, una manifestación palpable de la catolicidad de la Iglesia. Como nos lo dijo Mons. César: “La Iglesia, en su riqueza, se manifiesta en la realidad de la Iglesia de Roma. No solo en la solemnidad de los ritos o en la historia milenaria que se respira en cada rincón, sino en los rostros y voces de quienes la forman, cardenales venidos de todos los continentes, con acentos, historias y desafíos distintos. Es entonces cuando uno se da cuenta de la verdadera universalidad de la fe”

En medio de los preparativos para el Cónclave, también se hacen visibles las dificultades que enfrentan las Iglesias locales, pues hay realidades muy distintas. Lo que en algunos lugares es una prioridad, en otros es una preocupación secundaria. Pero todas esas voces se encuentran aquí, y eso nos recuerda la riqueza —y también la complejidad— de la misión de la Iglesia hoy

LA VIDA CONTINÚA CON MUCHA CONFIANZA

Contrario a lo que podría pensarse, dentro de los muros vaticanos no se respira intranquilidad o confusión, sino una profunda paz. Mons. César lo describe así: “Se respira un ambiente de paz, confianza en el Espíritu; porque somos conscientes de que es el Espíritu el que guía a la Iglesia. En todas las oficinas de los diferentes Dicasterios se sigue trabajando con normalidad”

Incluso, nos comentó que la vida continúa con relativa normalidad en los distintos organismos de la Curia: “En todas las oficinas de los diferentes Dicasterios se sigue trabajando con normalidad. Hay cierta expectativa, por supuesto, y muchas conversaciones fraternas, pero el ritmo de trabajo no se detiene. Aquí nadie pierde de vista que el servicio diario también es una forma de fidelidad a la Iglesia y a su misión”. Saber que es el Espíritu Santo quien guía cada paso de la Iglesia infunde tranquilidad y esperanza, incluso en los momentos de transición más significativos.

EL CÓNCLAVE COMO UN ACTO DE FE

Lejos de ser solo un mero procedimiento institucional, para Mons. César, el Cónclave es, ante todo, una experiencia profundamente espiritual, pues “significa confiar en la Palabra del Señor que prometió a Pedro: ‘Yo he rezado por ti, para que tu fe no desfallezca’”.

En ese sentido, afirma que vivir un Cónclave es un momento para renovar la fe y recordar que la Iglesia no es obra humana, sino un misterio guiado por Dios a lo largo de los siglos. La elección de un nuevo Papa no es vista como una estrategia humana, sino como una respuesta obediente y confiada a la promesa de Cristo. Es una vivencia que reafirma la fe y el compromiso de quienes sirven a la Iglesia desde dentro, conscientes de estar ante un misterio guiado por Dios.

UN PASTOR SEGÚN EL CORAZÓN DE CRISTO

Ante la inevitable pregunta sobre sus esperanzas para el nuevo Pontífice, su respuesta fue clara, sincera y profundamente eclesial: “Espero un Papa cercano, que pueda responder a las dificultades de la época, pero siempre en comunión con el Colegio Episcopal y con toda la Iglesia. Un Papa que, como dice la Escritura, sea según el corazón de Cristo”

No se trata de buscar una figura carismática o de grandes gestos. Lo que necesitamos es un Padre espiritual, un hombre de fe que escuche, que acompañe, que tenga el valor de anunciar el Evangelio con alegría y verdad, pero también con ternura y misericordia.

Mientras el mundo esperaba conocer al nuevo Sucesor de Pedro, en los pasillos del Vaticano se sigue rezando, trabajando y confiando. Y entre quienes lo hacen, Sacerdotes como Mons. César nos recuerdan que el verdadero corazón del Cónclave está en la fe, en la comunión y en el deseo de dejarse conducir por Dios.

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