Querida Lupita:
Tenemos un hijo de 15 años. Mi esposo nunca ha sido cercano a él. Todo el tiempo lo reprende, lo juzga, lo cuestiona y no le puede expresar cariño. Toma todo lo que hace como un ataque personal. ¿Cómo puedo intervenir para ayudar?
Ma. Carmen L.
Hermana mía, Maricarmen:
Tu carta refleja el dolor que viven muchas familias.
Un padre puede estar presente físicamente y, sin embargo, ausente emocionalmente. Y cuando esto sucede, el corazón de un hijo suele resentirlo en el fondo de su alma.
Hay una diferencia enorme entre ver a un adolescente como un problema que resolver y verlo como un hijo que necesita ser amado. Cuando un padre interpreta cada error, cada desacuerdo o cada acto de rebeldía como una ofensa personal, deja de mirar el corazón de su hijo y comienza a reaccionar desde sus propias heridas.
La adolescencia es una etapa compleja. Los jóvenes cuestionan, se equivocan, buscan independencia y, muchas veces, expresan sus inseguridades de formas poco agradables. Pero detrás de esa conducta hay un hijo que necesita sentirse aceptado, escuchado y valioso.
Tu esposo quizá no se da cuenta de que cada crítica constante va construyendo un muro entre ambos.
Un joven que se siente permanentemente juzgado termina alejándose para protegerse.
¿Cómo ayudar?
Ora, comprende, invita.
– Trata de encontrar en el pasado de tu esposo la razón por la que es frío y distante.
– Evita convertirte en árbitro de cada conflicto.
– Busca momentos tranquilos para compartir con tu esposo lo que observas. Háblale desde el amor y no desde la acusación. Puedes decirle algo como: “Creo que nuestro hijo necesita más de tu cercanía que de tus correcciones. Te admira más de lo que imaginas y le duele sentir que nunca es suficiente para ti”.
– También ayuda destacar los aspectos positivos de tu hijo delante de su padre. A veces, cuando una relación se ha desgastado, la mirada se acostumbra a detectar únicamente los errores.
Mantén viva la esperanza. He visto relaciones entre padres e hijos transformarse cuando uno de los dos da el primer paso. Un abrazo, una conversación sincera, una palabra de reconocimiento pueden abrir puertas que parecían cerradas para siempre.

Que Dios conceda a tu esposo la gracia de descubrir nuevamente el regalo que tiene frente a sus ojos y a tu hijo la certeza de saberse profundamente amado.
Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial
