
Desde el Corazón
QUERIDA LUPITA:
Con gran tristeza me despedí del Papa Francisco, yo hubiera querido que se quedara mucho tiempo más entre nosotros. En las redes sociales me ha sorprendido que muchos católicos no tienen la mejor opinión de él. Me inquieta esta situación.
Diana V
HERMANA MÍA, DIANA:
La vida, como el mar, tiene sus momentos de tormenta y de calma y debemos recordar que “al final, todas las olas se calman”. A la barca de Pedro llegan tormentas, pero Cristo va en ella y actúa con poder en el momento preciso. Él sabe sacar bienes de males. En la historia de José el soñador, leemos las palabras que dirigió a sus hermanos después de que lo habían vendido: “ustedes pensaron que me harían daño, pero Dios lo transformó en bien para lograr lo que se realiza ahora: salvar a muchos” (Gén. 50, 20).
Pidamos al Papa Francisco que rece desde el cielo por todos nosotros que formamos la Iglesia. Un Papa cercano y humilde que nos invitó a salir de nuestra comodidad para encontrarnos con nuestros hermanos, especialmente los más pobres, los que sufren, los que experimentan injusticias y desprecio. Nos hizo saber que nuestra fe no es etérea, se debe encarnar en el diario vivir.
En una entrevista al Cardenal Madariaga, Obispo emérito de Tegucigalpa, Honduras, pude conocer una anécdota bellísima que vivió al lado del Papa Francisco. Narra que estando en Irlanda, casi al terminar la Jornada Mundial de la Familia, un Arzobispo publicó una carta contra el Papa. El Cardenal Maradiaga sintió dolor y furia a la vez, tanto así que consideró no comulgar en Misa con esos sentimientos en su corazón. En sus palabras: “fui meditando y orando y, finalmente, le pedí perdón a Jesús y le dije: -me voy a confesar después, no le voy a dar el gusto al diablo-, y recibí la Santa Comunión. Terminó la Misa, el Papa salió y nos hicieron una señal de salir junto a él. Entonces le di un gran abrazo y le dije: -santidad, estoy furioso-. Él me contestó: no pierdas la paz, yo estoy en paz. Y sentí como una ducha fresca que me libró de aquellos sentimientos. Desde entonces, yo he vivido así: “no pierdas la paz”.
Con gratitud en nuestros corazones por el don del Papado de S.S. Francisco, con la paz y alegría que él nos instó a vivir, sigamos anunciando el Evangelio y construyendo el reino de Dios.
Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

