Querida Lupita:
Después de 12 años de casados, aunque nos queremos mucho, resolvimos separarnos. Creía yo que era lo mejor. Pero ahora que es un hecho me siento devastada. Yo en realidad no quería esto, pero así se dieron las cosas. Los dos queremos resolverlo, pero no sabemos cómo.
Rosa María F.
Hermana mía, Rosa María:
Antes que nada, quiero decirte que aún hay esperanza. Muchas parejas creen que el dolor que están viviendo significa que el amor terminó, cuando en realidad puede ser una etapa difícil del camino conyugal. Hoy confundimos mucho amor con sentimiento. El amor es una decisión, es elegir al otro cada día y procurar su bien. Priorizarlo y bendecirlo.
Cuando amamos no todo marcha bien, sino que caminamos juntos a través de diversas etapas.
Las cuatro etapas de la vida conyugal según el programa de ayuda matrimonial Retrouvaille son: la ilusión, la desilusión, la soledad (o miseria) y el reencuentro (o despertar a la alegría).
Este enfoque muestra cómo evoluciona una relación desde el enamoramiento inicial hasta la superación profunda de las crisis.
En la primera etapa, el romance, las diferencias se minimizan y predominan la ilusión, la admiración y el entusiasmo. El cerebro libera sustancias que favorecen el enamoramiento y hacen que veamos al otro casi perfecto.
Después llega la desilusión. Comienzan a hacerse evidentes los defectos, aparecen los desacuerdos sobre dinero, educación de los hijos, tiempo, familia política o formas de comunicarse. Muchas parejas creen equivocadamente que “se acabó el amor”.
Si no aprenden nuevas formas de dialogar y resolver conflictos, pueden entrar en la tercera etapa: la soledad. Se sienten profundamente solos. Se pierde la confianza, disminuye la comunicación y cada uno comienza a protegerse emocionalmente. Es una etapa dolorosa, pero todavía no definitiva.
La cuarta etapa ofrece dos caminos: la separación definitiva o el reencuentro. El reencuentro no consiste en volver al matrimonio de antes, sino en construir uno nuevo: más maduro, más realista y más fuerte. Requiere humildad para reconocer errores, perdón, nuevas habilidades de comunicación y, muchas veces, la ayuda de un buen orientador matrimonial.
No tengan miedo de pedir ayuda. Muchas parejas que hoy disfrutan matrimonios sólidos atravesaron antes una profunda crisis. Con voluntad de ambos, acompañamiento profesional y la gracia de Dios, una crisis puede convertirse en el comienzo de una historia mucho mejor.
La experiencia que ofrece Retrouvaille es muy eficaz. Busquen este movimiento de la Iglesia y participen en él.

Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial
