MICHELLE VILLACAÑA /
HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS


Hoy en día es muy común hablar sobre la importancia de la salud mental, sobre todo en las generaciones más actuales, quienes, a través de las redes sociales y los medios, buscan impulsar este tema constantemente con el objetivo de sensibilizar a la población mexicana acerca de la importancia de externalizar los problemas y buscar ayuda. Sin embargo, aún con estos factores, en muchos hogares del México actual, hablar sobre la salud mental sigue siendo un tema tabú.
Hemos aprendido a concebir que los problemas sólo son importantes cuando sus síntomas se materializan en lo físico, es decir, tomamos en cuanto a la enfermedad como algo únicamente físico y curable, como una fiebre o un hueso roto.
Por ello, muchas veces cuando una persona acude con un psicólogo, espera que sus problemas sean resueltos con una o dos consultas, como lo haría un médico recetando pastillas para curar la tos, cuando en realidad la psicología es un proceso constante que requiere tolerancia y, más que una cura permanente, ofrece un acompañamiento.
CIFRAS A LA ALZA
Según estadísticas redactadas en Milenio por César Cubero (2024), en nuestro país el 25% de la población tiene un problema de salud mental, pero sólo el 3% acude a pedir ayuda profesional por iniciativa propia. Dentro de los impedimentos o razones por las cuales no se acude están la falta de profesionales y las creencias de estigma social.
En las zonas rurales del país mexicano se cuenta con menos de 0.4% psiquiatras y 1.5% psicólogos por cada 100,000 habitantes. Esto representa una clara escasez de profesionales que ocasiona que las personas tengan que esperar para ser atendidas o bien, se desaniman por la ausencia de profesionales y deciden no ir.
Por otro lado, el estigma social siempre ha sido la barrera más difícil de contrarrestar, puesto que el pedir ayuda siempre ha sido asociado con ser débil o estar locos. Esta percepción es construida desde la infancia cuando se les enseña a los niños a reprimir las emociones o incluso cuando los padres reprimen las suyas para no mostrarse vulnerables o débiles frente a sus hijos.
Aunque las nuevas generaciones han comenzado a cuestionar estas creencias, aún existe un gran porcentaje de personas quienes las tienen arraigadas y les impide obtener la ayuda que necesitan. Ante esta situación actual, es importante que fomentemos la realidad de recibir ayuda psicológica y desmentir los mitos que las personas tienen sobre esta.
RECONOZCAMOS LA SALUD MENTAL
Hablar de la salud mental no debería ser tema de incomodidad, sino convertirse en un tema cotidiano y normalizado que debe estar presente tanto en las escuelas como en casa e incluso en espacios laborales.
Esta percepción debería ser aprendida desde la infancia a partir de la identificación de emociones, expresión y búsqueda de apoyo de familia o amigos. Esto nos ayudará a que, al crecer, seamos personas conscientes de nosotros mismos y a prevenir la presencia de ciertos padecimientos mentales en la adultez.
Finalmente, es importante recalcar que el concepto de enfermedad no sólo se limita a la presencia de un malestar físico como un dolor sino también a malestares emocionales y de conducta.
Reconocer que todos podemos atravesar por estas dificultades es el primer paso para romper ese estigma y prejuicio sobre la salud mental, pues ésta en realidad es una necesidad humana e importante de satisfacer. Sin ella, no podríamos avanzar como personas ni como sociedad.
