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Nuevas estructuras familiares y sus retos

por Quetzali Hernández
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Michelle Fletes

Actualmente ha quedado lejos la noción de una familia única, tradicional, compuesta exclusivamente por padre, madre e hijos. Hoy, la realidad nos muestra una diversidad de configuraciones familiares que responden a contextos sociales, culturales y económicos en transformación. Esta pluralidad, sin embargo, plantea desafíos persistentes.

La Dra. Susana Ochoa de Rojas, profesora del Instituto de Humanidades de la Universidad Panamericana, ofrece una mirada crítica y profunda sobre las nuevas formas de vivir en familia en México, y las implicaciones éticas, sociales y legales que conllevan. Durante décadas, la familia nuclear fue considerada el pilar de la sociedad. Pero hoy coexiste con múltiples formas igualmente válidas.

“La Iglesia Católica reconoce principalmente a la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, con o sin hijos. No obstante, también valora otras configuraciones como las monoparentales, reconstituidas, extendidas, e incluso aquellas que cuidan a personas con discapacidad”, señala la Dra. Ochoa.

En esta línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la familia como: el conjunto de personas que conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos (padre, madre, hermanos, etc.), con vínculos consanguíneos o no, con un modo de existencia económico y social común, y con sentimientos afectivos que los unen.

Este cambio conceptual responde a una evolución cultural, donde antes solo se reconocía la familia biparental con hijos; hoy se contemplan modelos como familias homoparentales, adoptivas, de acogida, sin hijos, reconstituidas y muchas más. El núcleo común no está en su forma externa, sino en los valores que las sostienen como lo es el amor, compromiso, cuidado y estabilidad.

Dra. Susana Ochoa de Rojas, profesora del Instituto de Humanidades

CRISIS DE VALORES
Pero la diversidad no ha surgido en el vacío. Para la Dra. Ochoa, estamos atravesando una crisis de valores universales, la lealtad, honestidad y la autenticidad. “Nos cuesta más comprometernos, sacrificarnos, escucharnos. Eso repercute directamente en la solidez de las familias”.

La pandemia de COVID-19 evidenció estas tensiones. El encierro forzado hizo visible que muchas familias compartían espacio, pero no vida, “funcionaban como roomies”, destacó la Dra. Susana. Enfatizó que esta desconexión, sumada a la presión económica, la violencia y la incertidumbre laboral, convirtió a muchos hogares en focos de tensión más que en espacios de refugio

“La familia debería ser el lugar donde uno se recarga, pero muchas veces no lo es, porque quienes la sostienen están rotos emocionalmente. Si los padres están desgastados, ¿quién educa a los hijos?”, cuestiona.

¿QUÉ HACE QUE UNA FAMILIA SEA FAMILIA?
A pesar de la amplitud de formas, la Dra. Ochoa insiste en que no toda convivencia constituye una familia. Para que haya familia debe haber un compromiso vital y estable. No basta con compartir techo. Citó al investigador Fernando Pliego, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien establece cinco elementos esenciales: vínculo legal o consanguíneo, parentalidad, estabilidad, roles definidos y visión de vida compartida.

Esta postura es aceptada por múltiples instituciones, que entienden a la familia no solo como un hecho biológico, sino como una estructura social compleja, donde se transmiten valores, se protege a los más vulnerables y se forma el carácter de las personas.

FUNCIONES ESENCIALES
Según Allard (1976), citado por el Observatorio de las Familias y la Infancia de Extremadura, la familia cumple funciones básicas para el desarrollo integral del ser humano:

  • Tener: cubre necesidades materiales, educativas y económicas.
  • Relacionarse: enseña a amar, socializar, comunicarse y convivir.
  • Ser: aporta identidad, autoestima y sentido de pertenencia.

La vertiente más poderosa de todas es la socialización. Es en la familia donde los niños aprenden normas, valores, respeto y responsabilidad. Es el primer entorno que moldea su visión del mundo. Si esta estructura falla, el impacto se arrastra hasta la adultez.

UN ABANICO DE REALIDADES
Hoy en día, las tipologías familiares se multiplican, de acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, estos son algunos tipos de familia:

  • Nuclear sin hijos/as: Dos personas que viven juntas.
  • Nuclear monoparental: Una persona que cría sola a sus hijos/as.
  • Nuclear biparental: Dos personas que crían en conjunto a sus hijos/as.
  • Ampliada o extensa: Dos personas (con o sin hijos/as) que conviven con otros parientes como abuelos/as, tíos/ as o sobrinos/as.
  • Reconstituida o Compuesta: Puede incluir a una pareja (con o sin hijos/ as) más otros familiares o personas no parientes.
  • Ensamblada: Cuando una persona con hijos/as vive con otra persona, quien también puede tener o no hijos/as.
  • Homoparental: Dos personas del mismo sexo que crían a hijos/as.
  • Sin núcleo: No hay una pareja ni hijos/as, pero sí otros vínculos de parentesco (por ejemplo, dos hermanos/as o abuelos/as y nietos/as).
  • De acogida: Familias certificadas para cuidar temporalmente a niños/as o adolescentes que no están al cuidado de sus parientes.
  • De acogimiento preadoptivo: Familias que reciben a niñas, niños o adolescentes con la finalidad de adoptar.

Todas ellas pueden ser funcionales si se rigen por el amor, el respeto y el cuidado mutuo. La estructura externa no garantiza ni impide el éxito familiar; lo determinante es la calidad del vínculo.

RETOS
La Dra. Ochoa es enfática en señalar que el Estado mexicano no ha estado a la altura de estas transformaciones. “Se dan becas a jóvenes que ni estudian ni trabajan, pero no se apoya a madres solteras que sostienen a sus hijos”, expresó.

La carga emocional y económica del trabajo doméstico y de cuidados sigue sin ser reconocida. A pesar de ser el motor invisible de la sociedad, no entra en las métricas económicas ni se valora en las políticas públicas. “¿Qué programa te enseña a ser mejor padre o madre?, ¿Dónde está el soporte emocional para quienes lo necesitan?”, cuestionó.

La Dra. Susana señala que lo importante es proteger a quienes de verdad están sosteniendo el tejido social, más allá de etiquetas ideológicas, ya que en México la mayoría de los hogares son de tipo nuclear, debido a que el Instituto Nacional de Geografía y Estadística revela que el 97.3% pertenecen a este tipo de familia. Por otra parte, en una investigación internacional de la cual la especialista fue parte, World Family Map demostraba que cerca del 88% de las personas en el mundo viven en una familia tipo nuclear.

“Muchas de ellas no están registradas civilmente, lo cual las deja fuera de la protección legal. Luego, cuando la relación termina, no hay seguridad jurídica para los bienes, los hijos ni el sustento”, comenta la Dra. Ochoa.

Por su parte, destacó que en México más o menos el 73% de los hogares son sostenidos por un varón y el 27% de los hogares son sostenidos por una mujer. Muchas de estas familias enfrentan hostilidad social, los prejuicios sobre las madres solteras o las familias sin hijos siguen vigentes. Estas actitudes generan malestar psicológico tanto en adultos como en niños, y dificultan la inclusión social. La clave está en generar ambientes seguros, libres de juicio, donde cada miembro pueda desarrollarse plenamente.

Además, existe una enorme brecha entre el esfuerzo que implica sostener una familia y el reconocimiento estatal, la Dra. Susana indicó que los padres y madres están sobrecargados. “Sufren burnout, están quebrados emocionalmente. Y si ellos están rotos, ¿quién educa a los hijos? Muchas veces están solos, expuestos a pantallas (…) Me llama la atención que no se brinde apoyo a madres o padres que luchan por sacar adelante a sus hijos.”

Una encuesta aplicada durante la administración de Josefina Vázquez Mota en la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), preguntó a personas en situación de pobreza quién era su principal soporte, la respuesta fue unánime, la familia.

Finalmente, la Dra. Susana Ochoa consideró que a las familias de México hay que protegerlas en todas sus formas. No es una concesión ideológica, sino una necesidad para garantizar el futuro de la sociedad. Porque la familia, cualquiera que sea su forma, es la primera escuela de humanidad.

FAMILIA: FUENTE DE LA SOCIEDAD
En el Catecismo de la Iglesia Católica, en la Tercera Parte “La Vida en Cristo”, señala que la familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad.

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