
Desde el Corazón
QUERIDA LUPITA:
Me da pesar saber que las personas buenas se mueren mientras que muchos que hacen el mal siguen vivos por ahí. Hace poco murió mi mejor amiga, era muy joven. No puedo entender por qué se fue. Busco respuestas y sólo aumenta mi desconsuelo.
Sofi a F.
HERMANA MÍA, SOFIA:
Todos moriremos. Los que libremente eligen hacer todo el bien posible y los que en plena libertad optan por hacer el mal. Todos seremos llamados a cuentas y la eternidad es para nosotros en el cielo o en el infierno.
Comparto con mis lectores mi propio duelo. Una querida amiga falleció hace unos días. Astrid. 48 años, perteneciente a la Agrupación de Esposas Cristianas (organismo católico). Ejemplo para mí y para todas las mujeres, especialmente para quienes creemos en Dios y le buscamos sinceramente. Una muerte inesperada, acaecida en un accidente automovilístico. Shock, desconcierto, tristeza profunda.
En su Misa de cuerpo presente se encontraban muchísimas personas a quienes ella bendijo en vida: no solo su esposo e hijos, su familia extendida, sino también religiosas, Sacerdotes, personas pertenecientes a organismos de servicio social, hombres y mujeres, niños, familias enteras que recibieron una ayuda, una caricia, un soporte de su parte.
¡Ella llevaba las manos llenas de buenas obras para presentarse ante Dios! ¿No es maravilloso morir así? Personalmente me encantaría tener buenas obras para ofrecer a mi Creador cuando me llame. Vivió, sin duda, “en clave de eternidad”, con plena conciencia de que cada acto de amor tenía eco en el Cielo.
Algunos presentes ciertamente preguntaban: ¿por qué se muere la gente buena y los malos siguen aquí haciendo daño? Es un gran misterio. Sabemos que Dios nos ama a todos y nos quiere en la eternidad muy felices a su lado. Seguramente el Señor da oportunidad a quienes hoy obran mal, para que lo conozcan y se arrepientan. Para que escuchen el Evangelio y se conviertan. Nos toca a nosotros esa tarea: acerquemos almas a Cristo como lo supo hacer mi amiga y bienhechora.
A cada uno nos llega el momento del juicio y nuestro Buen Dios desea salvarnos a todos. Dicen con buena voluntad, que a veces Dios visita su jardín aquí en la tierra y se lleva las rosas más bellas para decorar el cielo. Yo creo que así pasó con mi querida Astrid, un alma limpia, lista para sonreír frente al rostro enamorado de Jesús.
Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

