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Contra el racismo y el clasismo

por Quetzali Hernández
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Laura Castro Golarte

Personajes principales que participaron en la Independencia de México, entre ellos, Vicente Guerrero

En vida, en una de las primeras decisiones del aquel triunvirato que tiene todo el mérito de haber impedido que este país se desmoronara después de la caída de Iturbide, Vicente Guerrero fue nombrado Benemérito de la Patria (junto con Guadalupe Victoria antes de que se convirtiera en el primer presidente de los Estados Unidos Mexicanos) por sus contribuciones a la Independencia de México, por su persistencia insurgente y por su decisión de acordar con el llamado entonces héroe de Iguala, para consumar la separación de España.

Fue reconocido, sí, pero no era del agrado de un grupo de criollos que lo menospreciaban por ser mulato (afromexicano). Esta animadversión saltó un buen día y Guerrero fue mandado asesinar por el entonces vicepresidente, Anastasio Bustamante, un individuo que – estoy convencida– ha escapado del juicio de la historia.

¿A qué viene a cuenta todo esto? A que hace apenas unos días la Presidencia de la República decretó el 14 de febrero un día especial, “de luto solemne para la Nación”, porque se conmemorará cada año el aniversario luctuoso de Vicente RamónGuerrero Saldaña, fusilado ese día, pero de 1831.

El desprecio por “las castas” que no se acabó en automático una vez consumada la independencia y desaparecido el régimen colonial, alcanzó al héroe del sur que fue declarado “imposibilitado para gobernar la República”, por Bustamante y otros en el Poder Legislativo de aquellos años convulsos y difíciles. El clasismo y el racismo que eran normales durante la colonia, fueron y son una herencia maldita que no ha terminado.

La declaratoria del 14 de febrero para conmemorar la muerte de Guerrero es una oportunidad para insistir hasta que se logre, no importa cuánto tiempo lleve, la erradicación de estas conductas que marcan las decisiones y los juicios de ciudadanos mexicanos todavía, lamentablemente.

Guerrero no sólo no estaba imposibilitado, era un hombre para el que la Patria estaba primero y que tenía una clara conciencia e identidad de ser mexicano; también conocía desde abajo la realidad de este país, por eso promovió la educación gratuita, un plan en el que trabajó junto con Nicolás Bravo. Y se conservan sus ideas al respecto: “Convencido de que las luces preparan y hacen triunfar el imperio de las libertades, abriré todas las fuentes de instrucción pública. Los gobiernos populares para quienes es un interés que los pueblos no vivan humillados, se apresuran a dar a las artes y a las ciencias el impulso que tanto les conviene”. Alguien así, con estas ideas ilustradas, no estaba imposibilitado para gobernar a la República.

Y la conciencia de la que hablo se demuestra en una comunicación que dirigió a todos los mexicanos, después de que derrotaron a aquel brigadier Isidro Barradas quien, mandado por Fernando VII, pretendía reconquistar la que había sido su colonia más rica:

“¡Mexicanos! debo deciros que el sólo evento que nos faltaba para solidar nuestra independencia y dar estabilidad a las instituciones republicanas, era precisamente la irrupción de esos bandidos. Su ruina hará para siempre indestructible la libertad mexicana (…) Por lo que toca a nuestro país, primero se verá inundado en la heroica sangre de sus hijos que sujeto a la arbitrariedad de tan odiosos extranjeros. Los mexicanos estamos profundamente afectados por el oprobio de la esclavitud, para resignarnos a arrastrar sus detestables cadenas”.

El Motín de la Acordada, por el que llegó a la Presidencia contra los resultados de las elecciones que no lo favorecieron, no fue urdido por él. Sin embargo, aceptó ser presidente y no se lo perdonaron, ni que fuera mulato. Ocho meses duró su mandato apenas y decidió retirarse a la sierra del hoy Estado de Guerrero que, por supuesto, se llama así en su honor.

Su asesinato, una trampa ordenada por Bustamante y ejecutada por el genovés Francisco Picaluga, causó la indignación de propios y extraños, pero el autor intelectual quedó impune.

Se reconoce al Benemérito de la Patria Vicente Guerrero, y es un ejemplo, hoy en día, contra el racismo y el clasismo que nos lacera. Un ejemplo también de humanismo y conciencia social, de amor por México. Ya era hora.

Periodista, doctora en Historia y docente en ITESO.
Correo electrónico: lauracastro05@gmail.com

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