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El inicio de la gestión de Donald Trump

por Michelle Fletes Rubio
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JORGE ROCHA

Finalmente, el magnate republicano Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos por segunda vez. De acuerdo con sus propias declaraciones, ahora veremos una versión recargada en su segundo mandato, donde el comercio, la migración y la seguridad serán los temas clave en su relación con México. Trump llega con mayor apoyo popular que en su primera gestión y, a diferencia de hace ocho años, ahora tendrá la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado estadounidense.
El nuevo presidente de los Estados Unidos tuvo como interlocutores en su primer mandato a Enrique Peña Nieto y a Andrés Manuel López Obrador; y ahora, en su segundo periodo, la relación bilateral será con Claudia Sheinbaum Pardo.
Con Peña Nieto se gestó una relación donde el priista cedió en formas y fondo a las pretensiones del presidente estadounidense; con López Obrador, la relación fue más armónica y se logró la firma del tratado comercial (T-MEC), aunque en materia migratoria el tabasqueño cedió al utilizar la Guardia Nacional para contener la migración centroamericana en la frontera sur de México. Hay que agregar que, si comparamos las cifras de deportaciones de los últimos presidentes estadounidenses, tanto Barack Obama como Joe Biden, deportaron a más mexicanos que Donald Trump. El republicano deportó a dos millones de personas en su primer mandato, mientras que Joe Biden lo hizo con cuatro millones de migrantes.

La relación de Donald Trump con Claudia Sheinbaum Pardo no ha sido tersa. La Mandataria mexicana no asistió a la toma de posesión del republicano y esto anticipa una interacción muy complicada entre ambos presidentes

La relación de Donald Trump con Sheinbaum Pardo no ha sido tersa hasta este momento, incluso, la Primera Mandataria no asistió a la toma de posesión del republicano y más bien se anticipa una interacción muy complicada.
Aunque la Presidenta de México insiste en que habrá colaboración y no subordinación, el riesgo de que haya una relación conflictiva es muy alto.
Del mensaje de toma de posesión de Donald Trump llaman la atención varios aspectos. El primero es que continúa la narrativa de que llegó a la presidencia para volver “grande” a los Estados Unidos, como lo era en otros tiempos. Discursivamente, el magnate sigue utilizando una retórica que apela a que esta nación perdió protagonismo en la escena internacional y que es necesario volver a colocarse como el país más importante del planeta.
También, aseguró que implementará una dura política arancelaria que puede afectar a China, a países europeos y a sus socios comerciales; es decir, a México y Canadá. Está claro que este gobierno incrementará las medidas proteccionistas, lo que implican que los productos de importación paguen impuestos adicionales y buscará que la inversión privada prefiera instalarse en aquel país, antes de optar por otros territorios. Para Donald Trump es fundamental que la manufactura regrese a los Estados Unidos.
El presidente del país vecino también declaró una emergencia nacional en su frontera sur, a propósito de la migración, a la cual considera una invasión.
Con este planteamiento, se anticipan acciones muy duras contra los migrantes, tanto para impedir su entrada a Estados Unidos, como para implementar medidas muy agresivas de deportaciones masivas. El escenario venidero en esta materia es poco prometedor y claramente se enfoca a una dinámica que criminaliza la migración y los culpabiliza de la situación económica y de la violencia. Hay que añadir que esta declaratoria también posibilita la militarización de las zonas fronterizas.
Otro de los anuncios que hizo en su toma de posesión el republicano, fue declarar a los cárteles mexicanos como terroristas. Esta afirmación implica que, a partir de ahora, el gobierno estadounidense se permite hacer incursiones militares en nuestro país de forma unilateral.
Al considerar que estos grupos atentan contra la seguridad de aquel país, esto les concede la posibilidad de implementar este tipo de acciones. Esta afirmación coloca la guerra contra el narcotráfico en otra dimensión y con implicaciones de violación de la soberanía.
Todavía hay que esperar cómo se harán los procesos concretos de implementación de estas políticas, pero, por lo pronto, se avizora un escenario complicado en las relaciones México-Estados Unidos.

Académico del ITESO
Correo electrónico:
jerqmex@hotmail.com

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