PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO
Los acontecimientos históricos se pueden analizar de manera vertical, es decir, al margen de las circunstancias, o de manera horizontal, es decir, atendiendo a todas las circunstancias que rodean un determinado acontecimiento, e incluso, las circunstancias que explican el por qué los actores mismos de los hechos dan mayor o menor importancia a tal o cual asunto, o a la hora de escribirlo, callan unas cosas y magnifican otras. Hacer historia el margen de las circunstancias es escribir cuentos de hadas.
Las múltiples historias que se han escrito sobre la Cristiada con frecuencia o son puramente horizontales, o son sólo verticales, generando versiones sesgadas propensas a fomentar posturas equívocas. En muchas de esas versiones se han pasado por alto asuntos “horizontales” de la mayor importancia que al ignorarse provocan juicios emocionales e incomprensiones permanentes.
Pensemos en dos circunstancias por lo pronto: las razones del estado, por un lado, y los efectos pastorales de la suspensión de los cultos por otro.
El país que fue construido durante el porfiriato sucumbió económica y políticamente a consecuencia de la revolución maderista de 1911, y de la revolución de 1913 en defensa de Madero. Todas las riendas del poder se soltaron, el caos se adueñó de la nación de lado a lado, y en medio de la revuelta fueron surgiendo figuras empeñadas en reconstruir el país desde una determinada perspectiva, o en función de resolver una serie de situaciones problemáticas sobre todo de tipo social. El trabajo de reconstruir las instituciones, de fortalecer a un gobierno capaz de ordenar y pacificar al país era en extremo difícil, asonadas, golpes de estado, rebeliones de todo tipo surgían día tras día, e incluso el primer intento más firme de estabilización acabó en el asesinato de Carranza.
Los hombres del poder vivían en una sicosis cotidiana, había una hipersensibilidad a cualquier crítica que pudiera socavar lo que apenas se estaba de nuevo levantando, era como elevar un castillo de naipes y reprimir hasta el menor suspiro que lo pudiera desplomar, porque este proceso se llevaba a cabo en medio de una feroz batalla entre los grupos de poder que habían surgido de la revolución, decididos a exterminarse unos con otros.
Estos grupos de poder ostentaban ideales políticos, democráticos o sociales, también acaudillaban ideologías extremas como el anarquismo y después de 1917, el naciente bolchevismo, y acarreaban resentimientos alimentados durante el régimen de privilegios y pocos derechos del porfiriato, cebándose contra personas e instituciones que durante ese régimen se habían beneficiado. Igualmente sobrevivían los náufragos del sistema porfirista interesados en su restitución, o en la obtención de compensaciones, así como la atención constante de Estados Unidos dispuesto a lograr su parte en este río revuelto.
Quienes comprendían estas circunstancias tuvieron más posibilidades de moverse adecuadamente en ese mundo convulso, quienes ignoraron estos hechos no hicieron sino cometer error tras error ¿la gente de Iglesia fue consciente de ese momento histórico que le tocaba vivir? ¿Lo supo discernir horizontal y verticalmente?
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